Encuentra aquí la Constitución Mexicana en 45 lenguas indígenas

Desde el 2013 nació el proyecto para traducir la Constitución Mexicana a las 68 lenguas indígenas de México, ahora estas traducciones están en un sitio reunidas.

Ahora que se celebra el 100 aniversario de la Constitución Política Mexicana mucho se habla al respecto. Cabe apuntar que esta siempre ha sido considerada como vanguardista en el mundo, aunque aún resta muchísimo trabajo para que se cumplan sus designios.

Y uno de los grandes retrasos respecto a esta es que hace menos de 100 años solo el 10% de la población podía leer, hoy la cifra se ha revertido al 90%. En materia de lenguas indígenas durante décadas se desestimó la importancia de traducir la constitución a las 68 lenguas indígenas hasta hoy existentes (ello sin contar que estas tienen hasta 364 variantes).

Apenas en 2013 el INALI inició un proyecto para traducir la Constitución a todas las lenguas indígenas, un proyecto, que si bien quizá es tardío, es muy necesario en la búsqueda por el reconocimiento de los derechos de las etnias originarias de México. Y de hecho, hay que recalcar que lo ideal sería que el derecho indígena, que mucho tiene qué enseñarnos como en el caso rarámuri, también fuese incluido en el derecho mexicano, una tarea que aún queda pendiente.

Recientemente fue publicado un sitio donde se compila la traducción de la Constitución a distintas lenguas indígenas. Estas traducciones digitalizadas, podría decirse, son resultado de una lucha de años por conseguir mayor inclusión de las minorías.

Este proyecto se llama La Constitución Mexicana en tu Lengua. Está dirigido a los hablantes de estas lenguas, por su puesto, pero también a todas las personas que busquen tener un acercamiento con estas, un ejercicio de familiarización desde uno de los cimientos que los mexicanos llevamos en común: la Constitución.

Explora aquí la Constitución en las diversas lenguas originarias. Una de las herramientas el sitio, te permite comparar entre lenguas, incluso, este histórico documento. 

 

*Imagen: tupcm.com

 

 

 

Preservar las lenguas originarias: la misión de este genial proyecto digital

A través de sus varias aplicaciones móviles, este proyecto busca crear un ecosistema digital de lenguas originarias de fácil acceso para todos.

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Una lengua es fundamental, pues en ella se encuentra el acceso a todo entendimiento posible, entre seres humanos. Pero además, una lengua es un cúmulo de sentimientos y creencias comunes, así como un baúl de memorias que guarda siglos de historia y cotidianidad de diversas civilizaciones en el mundo.

Es el caso del náhuatl, una de las lenguas primigenias que, aunque ya pocos de nosotros hablamos –y tal vez nadie recuerda cómo se hablaba hace 500 años–, se usa ampliamente en la cotidianidad, desde los nombres de personas hasta regiones, ciudades, municipios y pueblos enteros nombrados en náhuatl. Así, la cultura prehispánica y su cosmovisión se hacen presentes en nuestro día a día, de maneras a veces inconscientes.

La misión de Kernaia

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Es bajo estas ideas que surgió el proyecto digital Kernaia, una plataforma cuyo eje permanente es el rescate y uso de las lenguas originarias en México. La propuesta de Kernaia es que en un mundo caben muchos mundos —es decir, caben los más de 6 mil idiomas que existen—, y que hace falta un trabajo multidisciplinario para rescatar a los más de 3 mil que están en riesgo de desaparecer.

En el caso de México hablamos de uno de los diez países con mayor cantidad de lenguas originarias. No obstante, entre las naciones con más lenguas amenazadas, México ocupa el quinto sitio, con 144 en algún grado de peligro, según el Atlas de las Lenguas en Peligro en el Mundo.

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Por eso, el trabajo de Maurits Montañez, creador de Kernaia, así como el de cientos de mercadólogos, programadores y artistas que confluyen en este proyecto, es fundamental. Éste se realiza, además, en conjunto con habitantes de las comunidades indígenas, lo que ha posibilitado la creación de la original plataforma. Así, a partir de herramientas digitales y del uso del ciberespacio, pretenden crear un ecosistema único en el que se resguarden y transmitan las lenguas originarias y toda la abundancia cultural que en ellas persiste. Y vale decirlo, la asombrosa variedad lingüística que cada una implica y que, como el náhuatl, cuentan incluso con palabras que son intraducibles, debido a su particular y fascinante concepción de la gramática.

Por eso, la labor de estos profesionales se ha materializado en una serie de contenidos y apps que facilitan el aprendizaje del náhuatl en su variante veracruzana, así como el purépecha y el mixteco, lo que a la postre se ha convertido también en un trabajo de recopilación cultural. Esto ha hecho posible el conocimiento de las historias, canciones y tradiciones de los pueblos originarios que aún preservan su lengua, todo ello en lo que Montañez define como “empresas híbridas” que fusionan la labor social con la económica. 

Un sistema lingüístico va más allá del instante: del diálogo inmediato. Se convierte más bien en un diálogo constante y milenario entre culturas enteras, y en un devenir incesante en el cual el ser humano encuentra su identidad al nombrar aquello que le rodea. Tal es la razón de que muchas lenguas hayan trascendido en el tiempo y que estén presentes en la actualidad, forjando nuestra identidad mientras se fusionan con otros idiomas. 

Así, Kernaia defiende y promueve este invaluable legado inmaterial que son las lenguas originarias, e invita a la gente a sumarse a su proyecto. Gracias a la invención de Kernia, Maurits Montañez fue uno de los diez ganadores en la última edición de Innovadores Menores de 35 en México, del MIT Technology Review.

En su página puedes conocer más del proyecto, descargar las apps y ponerte en contacto con ellos.

Descubren uno de los documentos más antiguos en náhuatl en Polonia

Se trata de un censo que Hernán Cortés ordenó para conocer la realidad socioeconómica del centro de México.

Como sabemos, el náhuatl fue la lengua más hablada en Mesoamérica al tiempo que llegaron los españoles. Hoy, continúa siendo la lengua originaria más común en México, con más de 1 millón de hablantes.

Por ello, una de las principales formas de comunicación (y con ello de dominación) se dio cuando los españoles enseñaron el alfabeto romano a los antiguos mexicanos. Así consiguieron un mayor acercamiento con fines de adoctrinamiento, aunque también gracias a esto quedaría registrada mucho de la cosmovisión mexica (como en el caso de los informantes nahuas de Fay Bernardino de Sahagún, quienes plasmaron sus testimonios en náhuatl).

Entre los documentos prístinos escritos en esta lengua, se ignoraba uno recién descubierto en la biblioteca de la Universidad Jaguelónica, en Polonia. Se trata del manuscrito original de un censo ordenado por Hernán Cortés, entre los años de 1519 y 1524, para conocer el valor de la tierra que cubría los hoy estados de Oaxaca, Morelos, Veracruz y Michoacán.

El censo incluye un análisis de las villas pobladas por más de 200 personas, con datos sobre su modo de vida, tipo de alimentación, nivel socioeconómico, y si pagaban o no impuestos a la corona española –en muchos casos en cacao, huevo, maíz o coco.

En este periodo fue muy importante para los españoles discernir a quién cobrar impuestos con fines estratégicos, ya que a los nobles se les disculpaban con el objetivo de que mantuvieran unidas a sus comunidades. El censo encontrado revela que, aunque los religiosos decían haber adoctrinado prácticamente a todos los nativos, en realidad los niños de cada casa eran los únicos bautizados.

Un estudio reciente confirmó la autenticidad del documento. Pero, ¿cómo terminó allí? Como muchas de las riquezas americanas que llegaron a Europa, este manuscrito fue llevado por un traficante a Alemania en el siglo XIX, luego lo resguardó la realeza prusiana y después fue donado a la Biblioteca Real de Berlín. Durante la Segunda Guerra Mundial, por motivos de seguridad, fue enviado a Polonia, y finalmente fue donado a la Universidad Jaguelónica. 

Especialistas se avocarán en los próximos tres años a estudiar con detalle el documento, lo cual podría arrojar información valiosa para complementar lo que hasta ahora conocemos sobre dicha época –y así continuar la fascinante reconstrucción del pasado de nuestro país.

Imagen: Jagiellonian Library, Jagiellonian University in Kraków

Los manifiestos en náhuatl de Emiliano Zapata

De la astronómica historia de Zapata, poco se sabe de la relación que mantuvo con los indígenas durante la conspiración de la revolución mexicana, o de los manifiestos que escribió dirigidos a este sector de la comunidad.

Existió, una vez, un hombre que recordó a México la importancia cosmogónica de mantener la relación hombre-tierra, que antiguamente a su territorio obligaba a la reciprocidad con la naturaleza. Ese fue Emiliano Zapata

Con el espíritu de la rebeldía, la sensibilidad portentosa del campesino morelense y viviendo en un territorio y realidad atestados de despojos, el “caudillo del sur” se encomendó la épica hazaña de devolver al pueblo los terrenos usurpados por el latifundismo porfiriano: “La tierra es de quien la trabaja”, pronunció. 

De la astronómica historia de Zapata, poco se sabe de la relación que mantuvo con los indígenas en aquél periodo, y de los peculiares manifiestos que escribió dirigidos a este sector de la comunidad que, a la obviedad, representaban una buena mayoría dentro de los pueblos mexicanos. 

A sabiendas del historiador Miguel León-Portilla, gran promotor de la cultura mexicana, Emiliano Zapata escribió, a tinta, dos manifiestos en náhuatl con su respectiva versión mecanografiada en castellano, el 17 de abril de 1918. Ambos fueron dirigidos a la gente de la División Arenas –que entonces operaba en Tlaxcala y Puebla–, un ejercito liderado por el militar tlaxcalteca Domingo Arenas.

La relación que Zapata tenía con Arenas fue muy clara durante un par de años, luego de que el segundo rompiera toda relación con el carrancismo en la legendaria Convención de Aguascalientes. Desde ese momento Arenas brindó todo su apoyo al ejercito zapatista: la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur.

La cuestión era simple: las causas de ambos líderes eran las mismas, pero la percepción para llegar a ellas distinta. Con el empoderamiento temible de Carranza y sus constitucionalistas –quien por cierto, llegó a ganarse a una buena parte de la población mexicana, volcando a su favor a un puñado de iniciados zapatistas con la promesa de promulgar una constitución que esclareciera las lagunas agrarias– la División de Arenas iba y venía entre ambos bandos. Por ello es que Zapata, a través de estos manifiestos, hace una invitación tácita a la División para luchar juntos por la demanda agraria; combatir al malvado era “el gran trabajo que haremos ante nuestra madrecita tierra”, expresaría.

En aquellos tiempos, la revolución de los agraristas se debatía entre el derrocamiento de los tiranos hacendados, la supuesta traición de Madero que no compartía los intereses comunes del pueblo –meros derechos básicos– y las expropiaciones y repartos de tierras que lograron las divisiones al respaldo del Plan de Ayala.

A manera de pieza ilustrativa, transcribimos un  fragmento en español enunciado en uno de los manifiestos y puestos al alcance de la modernidad por León-Portilla en su libro Los manifiestos en náhuatl de Emiliano Zapata:

La rebelión contra el tirano, honra a ustedes y borra el recuerdo de los pasados errores.

Nosotros, que sólo deseamos el triunfo de los principios y la unión de todos los revolucionarios bajo la misma bandera, a fin de formar un núcleo invencible contra la reacción y sus hipócritas imitadores, los personalizas del carrancismo, nosotros, que de corazón sabemos olvidar las antiguas diferencias, invitamos a todos y a cada uno de ustedes para que se alisten bajo nuestras banderas que son las del pueblo, y con nosotros trabajen la obra de la unificación revolucionaria, que es hoy por hoy el más grande de los deberes ante la patria. […]

Cumplamos nuestro trabajo de revolucionarios decididos y nuestros deberes de revolucionarios honrados y conscientes; a eso, que es grande y que es patriótico, invita a ustedes, el Cuartel General del Ejército Libertador.

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Se reservan ellos en el “Archivo Zapata”, custodiado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Gracias al poco reconocido análisis que hace el doctor León-Portilla en su libro al respecto, hoy sabemos de estas proclamaciones en la lengua del pueblo, el náhuatl, que a la postre evidencia dos épicos de Zapata: por un lado, la incluyente invitación a los indígenas para unirse al movimiento y, por otro, la sensibilidad de reconocer hoy y siempre, el lenguaje madre de la tierras mexicanas que ya peleaban.

A manera de clausura, ambos textos expresan la siguiente nota:

Nosotros rogamos a aquel a cuya mano se acerque este manifiesto que lo haga pasar a todos los hombres de esos pueblos. 

Aunque los manifiestos en náhuatl de Emiliano Zapata hoy sean un mero objeto de curiosidad –a fin de cuentas, los mexicanos estamos cruzando por un crepúsculo donde el protagonismo político obnubila la verdad de una situación siempre compleja de entender por las mayorías–, se trata de un grandioso emblema que nos recuerda porqué los guerreros, cual Zapata, deben pronunciarse ante todo como individuos generosos; tlatoanis en lucha por la vida, pero que también están dispuestos, a sabiendas o no de los resultados, a enseñar y fabricar cada vez más discípulos a favor de la reforma, la libertad, la justicia y la ley.  

Rebeldia psíquica pura.

 

*Imágenes: 1 ) Con edición de quien escribe: Dominio Público; 2) Dominio Público; 3) Archivo Más de México

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.