El libro más mexicano para colorear: Vida Mía

Submundos y micro espacios, detalladísimos, para pasar horas en los muchos mundos que implica México.

En todo el mundo, sorpresivamente, en la era digital se dispararon las ventas de libros de colorear para adultos. Lo anterior no es fortuito, algo dentro de nosotros nos llama a desconectarnos, a volver al mundo, usar las manos y el pensamiento más libre.

Lo que ocurre con las manualidades, es que uno entra en una especie de estado meditativo, y además nuestro cerebro genera dopamina, la hormona de la recompensa, por el hecho de que observamos un avance en el trabajo realizado y la emoción por el perfeccionamiento del oficio. Además, lo elaborado se convierte en objeto de interés que permea la motivación en la vida cotidiana.

En México, también ha incrementado el interés por volver a las manualidades: tejer, cocinar, dibujar. Y, por los millones de sus colores, su variedad cultural y biológica, hay mucho que iluminar al respecto. Recientemente el proyecto Sereno Moreno publicó el precioso libro para colorear llamado Vida Mía.

Alusiones, desde luego, a Marías, Alebrijes, Lupitas, cactus, el eje por excelencia de la cultura, el maíz, pero, sobre todo, sorprende por la meticulosidad a la que nos invita. Cada página está llena de submundos en las imágenes, pequeños fragmentos a rellenar con colores, muy pequeños, dentro del todo de la imagen (algo así como ocurre con la técnica de los alebrijes).

Las imágenes son muy creativas, te encantará por ejemplo, dibujar la ciudad de San Miguel de Allende en patrones muy cuadrados y góticos, o bien, el mundo de la indumentaria, o la gastronomía, pero todo como reapropiado como en fractales diminutos.

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Sobre Sereno Moreno

Sereno Moreno lo conforman tres personas unidas de sangre, enamoradas de México, que quieren dar a conocer sus paisajes cautivantes, tradiciones únicas y extraordinarias artesanías por medio de nuestras ilustraciones.

Sereno Moreno es para toda aquella persona que desee darse un momento para usar su imaginación, despejarse del mundo retador en el que vive, salir de la rutina y colorear todas las bellas ilustraciones inspiradas en México. 

Aquí puedes adquirir el libro: Vida mía

 

Conoce más sobre el proyecto de Sereno Moreno en su página.

 

*Imágenes: Sereno Moreno

19S: el día que “glitcheó” mi subjetividad (CRÓNICA)

Si México fuera “uno solo” no aguantaríamos nada. Son nuestros quiebres los que nos hacen resilientes.

Con cariño para las chicas de LCD y Sandra, Marén, Yolanda, Andrea, Ian y Javier

Por comprenderme.

Glitch: un quiebre y/o una disrupción en el flujo esperado de un sistema.

Nick Briz

“Únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”.

Walter Benjamin, Dirección única, 1928


La muerte nos va a agarrar parejo. Por eso en secreto la llamaré “la democrática”, la horizontal, la incluyente. Lo que plantea su materialidad  no discrimina, como invariablemente hacemos nosotros, los sujetos.

El 19 de septiembre de 2017 llegué tarde a la oficina en la Condesa, CDMX. Estaba decidiendome entre escribir una nota sobre Alberto Kalach y una sobre maíz transgénico, cuando de pronto, a pesar del simulacro, de la efeméride y de todo pronóstico sobre lo poco poéticas que son nuestras vidas, empezó a temblar. Lo sentí inmediatamente, como un jalón que, específicamente se enganchó a mi corazón. Este, haciendo lo posible por no frenarse, dio un vuelco y luego otro. Mi mirada buscó la de la chica que estaba escribiendo junto a mí: corre. Una confirmación extraña y después los gritos, anunciando a todos, que paradójicamente, había que abandonar la casa: estaba temblando.

No era como otras veces. La intensidad, la tierra haciendo resonar sus benditas entrañas lacustres, nunca había conocido esa sensación. Pero fue en ese instante, cuando miré hacia arriba y los cables en el cielo dejaron de formar patrones cuadrados y se transformaron en ondas intensas, imparables —como olas de la costa de Oaxaca—  que comprendí que algo en mí estaba quebrándose para siempre.

 
 
 
 
 
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Mi cuerpo quería desparramarse, fracturarse. El enfrentamiento con La Democrática, que siempre había esperado —como supongo que hace casi cualquier mexicano, desde que empezó la guerra contra el narco— no se anunció, no me alertó y en ese aparecer espontáneo me hizo hincarme. “Párate, no puedes estar en el piso”, que, por cierto, estaba rompiéndose, también, como yo. El abrazo de la otra redactora me contuvo y su rostro, implorando mi calma que, francamente, nunca llegó. Pero me levanté, a tiempo para ver caer pedazos enteros del edificio de enfrente, sobre todo ese grande que cayó sobre un perrito o gatito negro, cuyo torso terminó aplastado y funcionó, para mí, como evidencia suficiente de que el mundo que conocía había terminado.

“Mi hermana”, murmuré y luego grité múltiples veces, desnudando mi propia estructura y anunciando que, en efecto, solo quería confirmación de que mi hermana estaba bien. Los momentos que siguen son confusos, el gas inundó las calles y un par de ventanas estallaron. Corre. De nuevo. Corre. Cientos de sujetos corriendo sin rumbo, solo para encontrarse con otros cientos. El control: lo perdí. Fue inmediato. Perdí el control. Pasaba de la ansiedad, de la risa, a los gritos, al llanto incontenible. Perdí el control: mi estructura se evidenció de tal manera, con tanta transparencia, que desaparecí.

Confirmé rápidamente el bienestar de mi hermana y de tantos otros queridos. Por el momento, las cosas estaban estables. Ironía. La calle era un caos y la noticia repentina de que el epicentro había sido en Morelos me cayó terrible, soy de allá y mi casa allá está, con mi mamá y otra hermana. Y mis amigos de antes. Y los cerros. Y las cosas que conozco.

Mi papá me compartió un mensaje que dejó más en claro el panorama: la lista de edificios que, hasta el momento, habían sido registrados como colapsados. Escuelas, primarias, multifamiliares completos. Muchos cerca de mi casa.

Una buena amiga me recogió y realizamos una travesía inmensa desde la Condesa, hasta la Alberca Olímpica.

Algunos episodios notables:

  1. Insurgentes, abarrotada de seres humanos, anticipando que los próximos días, las calles iban a pertenecer a los peatones y no a los coches.
  2. La farmacia, donde compré sueros a 30 pesos (“Lucrando con el temblor”, le dije cínicamente a la tendera) y un par de cajas de ketorolaco, estaba prácticamente vacía; delatando a mi ser paranoico que probablemente habría escasez, pero estaba equivocada, en los días que siguieron, no faltó nada.
  3. Una mujer vendiendo plátanos, hizo eco en lo que restaba de humanidad en mí y compré un par de kilos que cargué psicoticamente hasta la casa y terminé regalando a brigadistas.
  4. Una señora de 90 años en silla de ruedas, y su cuidadora de más de 60, que me llevé conmigo y mi amiga, y los plátanos, en una escena que me recuerda (y no sé bien por qué) a El Viaje de Chihiro.
  5. Los de la marina corriendo formados, cargando picos y la visión lejana del primer edificio colapsado que presencie en la vida.

Llegar al departamento no fue agradable. Mi pésima reacción había marcado una distancia seria entre mi subjetividad y las de los demás. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. De ahí en adelante se hizo mucho: además de ayudar a controlar el tráfico en una ciudad sin semáforos, no dormir por 6 días, ayudar en los acopios, cargar, perseguir derrumbes, el momento más importante fue la breve participación que tuve en las brigadas.

No quisiera repetir lo que posiblemente todos han pensado. Sí, la solidaridad fue inmensa. Escuché por ahí la frase: “tranquilos, todos tienen derecho a ayudar”, mientras nos formaban y vestían con cascos y guantes para acercarnos más o menos protegidos a los derrumbes a cargar piedra. Éramos tantos. Pero lo increíble, lo que realmente me marcó fue que “no éramos uno”, México no “fue uno” ese día, para nada. La Democrática no agarró parejo. No ese día. Éramos un chingo, eso sí, y éramos absurdamente distintos y era obvio que no veníamos ni del mismo lado, ni estábamos cortados con la misma tijera; pero estábamos juntos.

El glitch, la falla espontánea en el sistema, la acumulación de tensiones que culminó en caos, me partió en miles, me hizo perder el control y cuando me encontré con mis cimientos, no había nada (en serio, nada, carajo, es carne), pero entre esas grietas, lo que vi, lo que sentí, fue a un chingo de personas. Unas me dieron comida, otras café, unas me abrazaron, me protegieron, me llamaron, me buscaron. Me subí al coche de un hombre desconocido: ¿en qué clase de circunstancia haría tal estupidez?  El señor nos llevó a varias chicas apretujadas a un derrumbe. Feliz de hacer algo, de poner en marcha el coche, de funcionar como un puente entre la geografía y la materialidad-peatón y no ser un vehículo predominante en el diseño de lo urbano.

Una anécdota divertida, que resume para mí el estar-juntos:

19-septiembre-19s-sismo-temblor-reflexion-cronica
Todos dieron lo que tenían. Por suerte lo que ellos tenían eran tacos al pastor…

El 20 de septiembre de 2017, llevábamos horas formados intentando pasar al derrumbe en Petén (lugar que nunca voy a olvidar), acababan de sacar a alguien, pero sin vida: los ánimos bajaron. Estaba lloviendo. Hacía frío. Estaban al borde de sacar a otra persona más, con vida. “¡Mazos! ¡Mazos!” comenzaron a gritar todos. Necesitaban mazos. Así, todos gritabamos, el mensaje se corría y alguien en algún momento llegaría con un mazo; un pinche mazo, era la distancia entre el afuera y el adentro para alguien. No llegaba, gritábamos como idiotas y no llegaba. Llegó. Silencio. Puño en alto. A la espera. Tal vez sale. Tal vez sale y bien. En eso, de la nada, un tipo llega corriendo a la zona con una cantidad absurda de vasos, desbordando vasos. “¡Aquí están, aquí están los vasos!” gritó emocionado, convencido de su utilidad. “Mazos, pendejo” le dijo alguien. Todos nos empezamos a reír, también el de los vasos, risas y llanto, claro. Risas a lo cabrón. Unos minutos después se alzaron los puños. Los mazos (y los vasos) cumplieron su cometido. Alguien salió con vida. ¿Quién? Pues qué chingados importa. Estaba vivo.

No tengo nada contra La Democrática. En cualquier caso, nos va a agarrar parejo. Ese día aprendí eso. Pero así como ella, también entendí que nuestra identidad, la narración de estas subjetividades trabajando en conjunto, también puede ser como la muerte, agarra parejo. Yo lo viví, no se me olvida. Cada vez que aparecen los gandallas, que matan a alguien o lo desaparecen, me acuerdo de que ustedes también pueden agarrar parejo. De que si hoy tiembla (bendita poesía), van a venir por mí. Y yo voy a ir por ustedes. Hoy, solo hoy, no importa lo que significa ser mexicano.

Cortesía de Juan Villoro, para quienes no saben quiénes son: son el lugar donde habitan; son el espacio que administran. ¿Y de dónde son? Son del lugar donde recogen la basura. Y yo también. Ahí te espero.

Epílogo

 
 
 
 
 
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La muerte natural no existe: cualquier muerte es un asesinato. Y si no se protesta, se consiente. Yo desconfiaría aún con el dedo en Su llaga.

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El 23 de septiembre de 2017 volvió a temblar. Una cosa llevó a la otra y terminé con un ataque de ansiedad imparable y terrible. Como nunca antes sentí la distancia entre mi subjetividad y la de otros. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. Perdí mucho ese día. Además del control, la confianza de mis amigos.

Estaba tan quebrada que tuve que delegar mi propia vida a otras personas. Tuve que pedir cuidados y protección, explícitamente. Me dio coraje, hoy todavía me da coraje, tenerle tanto miedo a la muerte. Me da coraje no hablar de eso. Me da coraje que tú o tus amigos, o tu familia, hayan vivido una desgracia. Una “pérdida irreparable”. La pérdida de la vida es reprochable, porque siempre implica una pérdida de la posibilidad. Y hace parecer que los cuidados en vida son inútiles. Pero no creo que lo sean.

A todos los que están sufriendo, por esta y otras catástrofes hago una promesa solemne: prometo cuidar la vida, prometo luchar por la posibilidad dentro de la posibilidad. Prometo mantener la calma, hasta donde me sea posible. Claro que también prometo permitir mis quiebres, porque a ellos les debo estas lecciones vitales. Estas vivencias.

Sigo en la CDMX, todavía no estoy lista para despedirme.

Con el puño en alto.

También en Más de México: Reflexiones de grandes escritores mexicanos sobre el sismo de 1985 que hoy valiera releer

*Imágenes: Destacada: AFP; Cuartoscuro.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Lee textos en leguas originarias y libres de derechos gracias a Editorial Piedra Bezoar

Bezoar ediciones, una editorial digital que promueve la diversidad de México publicando literatura libre de derechos.

En 2015 nació una iniciativa editorial en México cuyo concepto es muy prometedor. Basados en el principio de creative commons un grupo de personas se pusieron de acuerdo para realizar una editorial digital con una convocatoria abierta todo el año para recibir textos, dirigida a cualquier escritor mexicano.

Su intención de poner a disposición de todos, de manera gratuita, el trabajo literario de personas que quizá no cuentan con los recursos para publicar, resulta afortunada hoy que es cada vez más común el acceso a dispositivos de fácil lectura como las tablets. Y otra de sus promesas son las secciones para las que están abiertas las convocatorias.

En su sección Boca, se reciben textos de integrantes de grupos indígenas de México en sus lenguas originarias. Hasta ahora, en esta sección han publicado el texto en otomí de Margarita León llamado Sanjua. Parte de lo interesante del proyecto es que, aunque no es excluyente, hasta hoy esta publicación se encuentra solo en lengua otomí. Pareciera raro leer un texto en un idioma que no se comprende, sin embargo, es parte de la estrategia de integración colectiva de esta editorial pues así se hace un primer acercamiento de reconocimiento; con el tipo de letras que emplean, la longitud de las palabras, la estética de su lenguaje mismo.

En su colección Fictocrítica son publicados relatos fabulados de la realidad cotidiana, a partir de los cuales podemos identificarnos con personas de distintas realidades pero que finalmente viven en México. ¿No es a través de la fabulación de la realidad que pueden resultar correspondencias entre todos e incluso surgir alternativas de solución para una realidad? Aquí encontrarás en línea los libros Tiempo de Elegir sin Miedo, Memorias de una Astrobióloga de Antógona Segura y Del Inconveniente de haber nacido en México, con reflexiones de 13 escritores.

Por su parte, en su colección La Espada del Angel son publicados textos de investigación que ayuden a resolver problemas comunes.

Es un proyecto colectivo a todas luces, que promueve reflexiones y posibilita la libre difusión de la información en su modalidad más elegante y hermosa de todas: la literatura.

Si estás interesado, puedes revisar sus convocatorias permanentes en el siguiente link.

 

Conoce más sobre el proyecto, acá, o en su página de Facebook.

 

 

 

 

 

8 libros esenciales para entender la cultura del mexicano

La personalidad individual y colectiva del mexicano siempre ha intrigado a intelectuales y extranjeros.

México son muchos méxicos (ya nos lo decía Fernando Benítez), y finalmente, también es un solo México. Entenderlo no es fácil, “agarrar el modo a sus habitantes” tampoco, porque de hecho hay muchos modos; aún así, debajo del mexicano subyace un estilo que más que ello es una filosofía, o algo así, difícil de desentrañar.

En uno de los países más multiétnicos del mundo, donde aún son habladas hasta 68 lenguas, cada una con una idiosincracia por detrás, donde la desigualdad ha sido un lastre desde la conquista y agudizada con un sistema capitalista, las diferencias han siempre sido el gran vórtice, el misterio, pues pese a todo existe también un código que hace al mexicano ¿Cómo explicarlo?.

Los grandes escritores como Alfonso Reyes, B.Traven u Octavio Paz, desde el México pos revolucionario intentaron dar con pistas de ello. Quizá para explicárselos a sí mismos, o quizá al mundo entero. Lo cierto es que México genera siempre reflexiones. Sus agridulces son quizá tan añejos como el disfrute en esta tierra por la sensación de estar enchilado.

Presentamos 8 libros indispensables para comprender la cultura del mexicano. Los capítulos que subyacen a una idiosincracia ligera aunque también cruda. Solidaria y al mismo tiempo individualista… y todas aquellas demás cosas que nos encantan y desencantan de México siempre intrigante…

 

La visión de los vencidosMiguel León Portilla

Imprescindible. El Doctor León Portilla desentraña como nunca antes, y con documentos históricos, cómo es que fue la visión del indígena en la conquista. Nadie contó su historia, su perspectiva. Un ineludible para entender los porqués de algunas actitudes que no comprendemos, y que sí, son rezagos entre ello de injusticias que se asientan en la psique colectiva y por lo tanto en la cultura.

león portilla la visión de los vencidos

 

Las evocaciones requeridas / José Revueltas

De alguna manera a través de sus textos más íntimos como diarios, cartas, crónicas y ensayos personales pude entreverse la historia de México desde una parte no necesariamente contada en los libros de texto: la izquierda del país. Esa que veía que en realidad las metas de la Revolución estaban lejos de ser cumplidas. Una perspectiva interesante del país.

las evocaciones requeridas jose revueltas 

La cultura mexicana en el siglo XXCarlos Monsiváis

Hace un exquisito recorrido por la historia de México del Siglo XX, aunque desde una perspectiva cultural. Pasa por el modernismo, la Revolución, el muralismo, los veintes, cincuentas, la ruptura que hace el año del 68. ¿Qué significó todo ello para la psique del mexicano?

   La Cultura Mexicana en el Siglo XX Carlos Monsiváis

 

Psicología del mexicano en el trabajoMauro Rodríguez y Patricia Rodríguez

Es un análisis de algo así como los “traumas” de los mexicanos a lo largo de los siglos. Lastres que llevan arrastrándose; también la psicología colectiva, la religiosidad y la dependencia del individuo en su relación con el gobierno, las tradiciones, etc. Asimismo trata la autopercepción del mexicano y la sociedad actual.

 Psicología del mexicano en el trabajo

 

El laberinto de la soledad / Octavio Paz

Es el libro más famoso de este autor y aún es muy vigente para entender las contradicciones del mexicano. Aborda temas tan recurrentes para este como la muerte, o el desglose de conceptos tan arraigados como “chingada”. La moralidad y psicología del mexicano y su curioso individualismo que es contradictorio con una sociedad fuertemente basada en la familia. Un básico para entender de manera ligera y llena de imágenes líricas al mexicano.

el laberinto de la soledad octavio paz

 

México en una nuez / Alfonso Reyes

En este trabajo Reyes hace un breve y explicativo recuento del periodo desde la conquista hasta 1929. Narra las circunstancias que hicieron que la conquista fuese tan sencilla para los españoles, y de ahí hasta las reformas educativas del porfiriato. Un compendio histórico que da mucha idea de la posición siempre ventajosa de los españoles y su descendencia.

mexico en una nuez alfonso reyes

 

Anatomía del MexicanoRoger Bartra 

Es un libro integrado por distintos ensayos escritos por intelectuales mexicanos como Luis Villoro, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, José Vasconcelos. En estos escritos se hace una compilación que desmenuza la identidad mexicana luego de la Revolución.

  Roger Bartra  Anatomía del Mexicano

Canasta de Cuentos MexicanosB.Traven 

Este alemán radicado en México nos muestra en esta serie de simpáticos cuentos mucho de la psicología contradictoria del mexicano. Desde su manera distinta de ver el trabajo, hasta cómo el tiempo tiene un distinto ritmo para el campesino. Su estilo familiar y sencillo verdaderamente nos lleva por una comprensión casi inconsciente de la manera de ser del mexicano. 

 B.Traven/Canasta de Cuentos Mexicanos

*Imagen: 1)zacateks.com

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )