¿Qué está pasando hoy en la fotografía mexicana? Esta exposición responde

La muestra del MOPA en San Diego, es una invitación a explorar la fotografía que se hace en México hoy en día.

Debido a la notable influencia francesa, México fue una de las primeras musas de la fotografía. Esa conexión especial entre el país, y el arte de eternizar escenarios con la lente, no tardó en robar la fascinación de algunos forasteros –de aquellos que amaron la dinámica social del territorio mexicano–, pero también la de muchos mexicanos que, desde entonces y hasta hoy día, continúan explorando las vanguardias de la fotografía, y lo hacen de formas mundialmente loables.

En este sentido, cabría mencionar los nombres de Manuel Álvarez Bravo o Graciela Iturbide, pero también los de otros tantos fotógrafos mexicanos posteriores, como los que han sido celebrados en la exposición internacional Point/Counterpoit: Contemporany Art Mexican Photography, llevada a cabo por el Museum Of Photographic Arts (MOPA) de San Diego.

La muestra –heterogénea y hechizante–, es una franca invitación a explorar la fotografía que se hace en México hoy en día, y cómo estas mentes se han pasado la batuta entre generaciones, vía la inspiración. Así, a través de una curaduría de 19 artistas, cuyas imágenes exploran los cambios políticos, económicos y sociales del país, la exhibición nos recuerda por qué es fundamental la identidad cultural y la apropiación de nuestras influencias para crear arte de vanguardia. 

Además, esta muestra quedará inmortalizada en una publicación; un libro diseñado para atesorar el trabajo de estos fotógrafos mexicanos, cuya nación mantiene vínculos con el pasado, pero se encuentra en proceso de reinventar su futuro. 

Aunque la exhibición deja de lado otros rubros de la fotografía mexicana –pues se limita a  ejes como el activismo, la fotografía documental y otros más dirigidos a lo social–, el trabajo de estos creadores no deja de ser de lo más destacable. En breve algunos de ellos:

Alejandra Laviada

Aunque su recurso principal es la fotografía Laviada también se considera escultora y pintora. La utilización de estos últimos dos recursos le ha permitido construir fotografías inéditas, que reconstruyen objetos cotidianos o abandonados, para transformarlos en objetos creaciones con otros significados. El espacio de Laviada siempre ha sido México y esta es una cualidad admirable. 

 

Guillermo Arias

Fotografía de Guillermo Arias

Inició su carrera en un principio como periodista freelance en México y Guadalajara. Arias captura las imágenes que algunas fuentes no publican. De ahí que el contenido político y la postura ética del autor sean inevitables. Su adhesión al National Press Photographers Association (NPPA) es una constante de los valores que quiere transmitir: confianza, transparencia y honestidad en cada fotografía. Ha tenido mención honorífica en el World Press Photo 2010 y Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benitez 2009  por su trabajo: “Los muertos de todos los dias”.

José Luis Cuevas

Su trabajo parte de una nueva visión, la cual es conocida con el nombre de “nuevo documental”. Esta nueva técnica se diferencia del estilo documental por su peculiar manera de abordar la realidad, y los recursos poco convencionales que utiliza. Algunos de estos ejemplos son las temáticas que el artista ha abordado como retratos de oficinistas, el submundo de la pornografía casera, y otros más. 

Maya Goded

De la serie “Tierra de Brujas”

Es una fotógrafa mexicana bastante reconocida por sus reportajes fotográficos sobre sexoservidoras, y la complejidad y distintas formas que el amor –y la soledad– pueden tomar. Su arte es un perfecto balance entre la estética, el activismo y el visibilizar lo que es ser mujer en México. La mayoría de sus trabajos llevan de manera intrínseca una crítica social. También, expone la cultura y tradiciones del México de antes y ahora.  El proyecto “Tierra de Brujas” es un ejemplo. A lo largo de esta serie podrá verse el sincretismo y la creencia en la magia. 

 

Iñaki Bonillas

El trabajo plástico de Iñaki ha estado relacionado con el “hecho fotográfico” desde hace mucho tiempo. Esto puede verse en la incorporación de la galería fotográfica de su abuelo en su portafolio artístico, o de otros recursos artísticos no relacionados directamente a la fotografía pero que ha usado para transformar la narrativa visual de una imagen. La sorpresa es otra de las cualidades de su obra, debido a las distintas narrativas que poseen sus piezas, que van desde ciencia ficción hasta la exacerbación de emociones. 

 

Otros de los artistas nombrados en la publicación de esta muestra son: Andrés Carretero, Ana Casas Broda, Alex Dorfsman, Federico Gama, Juan José Herrera, Dr. Lakra, Pablo López Luz, Teresa Margolles, Patricia Martín, Fernando Montiel Klint, Daniela Rossell, Gerardo Suter e Yvonne Venegas.

 

*Fotografía principal: Maya Goded, de la serie “Tierra de Brujas”

La piel de la nación: retratos limítrofes (y costeños) de México

En tiempos polarizados, no nos queda más que abrir umbrales entre límite y límite. Eso logran estas exquisitas fotografías.

Una fotografía conjuga una suma de decisiones. Frente a un evento, quien captura la imagen se hace responsable de contar una historia particular sobre el objeto enfocado. Por otro lado, la visualidad en nuestro tiempo es un asunto fortuito: dejamos pasar imágenes constantemente, sin dedicarles suficiente; y, de la misma manera, capturamos a otros sin hacernos responsables sobre la historia que en este acto relatamos.

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Los formatos contemporáneos son en ese sentido ultra sencillos: cuadrados, donde la composición es evidente; sugiriendo al observador la posibilidad de consumir vorazmente imágenes, cuando le sea necesario.

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Por otro lado, aún podemos valernos de propuestas vigentes y hermosas como “Litorales”, un proyecto de Francisco Mata Rosas y Eniac Martínez. El proceso consistió en que los amigos, ambos fotógrafos mexicanos, emprendieran un viaje para recorrer las riberas, costas y otros márgenes de la república: los litorales. Su idea era “dibujar el perfil del país”.

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Estos encantadores retratos limítrofes (y costeños) de México cumplen múltiples funciones. Por un lado, las fotografías de “Litorales”, están tomadas en el formato 6×16, lo que les imprime una visión panorámica que exige ser recorrida por el espectador y que al fotógrafo obliga a tomar en serio cada detalle de la composición; sobre todo porque estas panorámicas no son de paisajes —que se pintan solos— sino de delicadas escenas que narran lo social y cultural.

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Pero este es el trabajo del fotógrafo: elegir las herramientas adecuadas para transmitir una idea que, si se supone compleja, necesita construir una relación entre uno o más objetos y el territorio que los contiene. Los elementos de un extremo están conectados con el otro, en un equilibrio muy particular que nos sugiere relacionar cosas distantes —como un mar con otro— y pensar qué tienen en común.

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Para un país aparentemente dividido y con las fronteras muy marcadas, encontrar estos puntos de encuentro, estos puentes, es fundamental. Las imágenes de “Litorales” nos regalan esta premisa, pues quizás estén tratando de llegar a las partes más distantes del país, a sus límites territoriales y transmitir una sensación de unidad. Como si en lugar de “fronteras” retrataran la piel que nos recubre, evidenciando también sensuales pliegues: umbrales donde los litorales se funden con el horizonte.

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Finos retratos de siniestra simetría, cortesía de un arquitecto mexicano

Las casas de interés social proponen un paisaje que evoca extrañeza, pero también un peculiar placer derivado de su singular simetría.

Entre los paisajes fantásticos que hacen de México uno de los lugares más espectaculares del mundo, hay constantes interrupciones de concreto. Algunas son igualmente emocionantes, pero otras evocan una peculiar extrañeza; en el mejor de los casos, remiten al absurdo y en el peor, son llanamente feas o innecesarias.

Las casas de interés social, por su parte, evocan algo verdaderamente siniestro, pero también un extraño placer para la vista que posiblemente deriva de su singular simetría. Estos atributos atrajeron al ojo del brillante arquitecto y fotógrafo mexicano Jorge Taboada, quien dedicó una exquisita serie de imágenes al análisis de estos monstruosos conjuntos de viviendas que se encuentran en las afueras de casi todas las ciudades del país.

Como sucede constantemente con los proyectos gestionados por gobiernos mexicanos, algunos desarrollos se quedan solamente en eso. Inacabados, abandonados, aislados y grises, conjuran una cualidad ciertamente apocalíptica que también es seductora para el ojo de un creador como Taboada.

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También en Más de México: Geniales fotografías de “arquitectura libre” mexicana (GALERÍA)

Y aunque sus imágenes son finísimos retratos de esta infraestructura, también funcionan como evidencia para ejecutar una dura crítica, no solo al proyecto de “interés social”, sino a una manera de entender la función arquitectónica. Nos olvidamos a veces de que el diseño del espacio tiene un poder enorme sobre nuestra cotidianidad. De sus formas dependen nuestros movimientos y posibilidades de habitar.

En ese sentido, la habitación, la “vivienda”, determina las vivencias de quienes la utilizan. Y, sin duda, hay una desconexión fuerte entre lo que suponen sobre la vida quienes diseñan estas casas (todas idénticas a sí mismas, tratando de usar la menor cantidad posible de material y los materiales menos costosos)  y las necesidades reales de las personas que se ven en la necesidad de comprarlas y rentarlas.

Esa misma distancia entre las viviendas como objeto y los usuarios es lo que las vuelve tan enigmáticas. Su falta de “usabilidad” recuerda a las cualidades de muchas obras de arte que están ahí para romper el paisaje de lo cotidiano, para cuestionarlo, pero no para ser habitadas o para facilitar la navegabilidad de la existencia.

“Alta densidad”, la serie de Taboada, toca con cuidado los dos lados. El fotógrafo de arquitectura llama acertadamente a estos conjuntos “paraísos siniestros”. Como explica (según este artículo de la revista WIRED):

Por un lado veo la belleza de esta arquitectura: los paisajes monocromáticos, las formas fractales… Pero luego creo que hay personas que viven allí y que están sufriendo las consecuencias de la despersonalización de la vivienda. Las grandes empresas de construcción, sin las regulaciones adecuadas del gobierno, construyeron parques pequeños o inexistentes y áreas de recreación. Estos son cubos pequeños y concretos, muy caluroso en el verano, y sin patios traseros. Los llamo paraísos siniestros.

Tal vez nuestros gobiernos podrían empezar a imitar las formas del paisaje que el concreto está fragmentando.

Frontera al desnudo: extraordinarias imágenes de los más de 3 mil kilómetros que dividen a México y E.U.

Un fotógrafo y una artista exploraron cada centímetro del “patio trasero” de Estados Unidos buscando entender la vida en la frontera.

Constantemente se escucha la expresión “patio trasero de Estados Unidos” (America’s Backyard) refiriéndose a la frontera entre este país y México. Sin duda tiene una connotación muy cuestionable que, además, sostiene un montón de clichés sobre lo que significa vivir en la frontera.

Por otro lado, para quienes no han puesto la vista en esta “línea” —imaginaria, pero con consecuencias muy reales— que divide a los dos países, la idea de la frontera es una abstracción muy corta de un espacio que se extiende por más de 3000 kilómetros.

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Con esto en mente, el fotógrafo Elliot Ross y la artista Genevieve Allison decidieron explorar cada centímetro de ese extraño territorio. Su intención era generar una serie de fotografías para retratar lo fragmentaria que es en realidad la frontera. Y es que no solo la vida humana es muy distinta entre punto y punto; también la forma de percibir conceptualmente la idea de lo “fronterizo”, y —por supuesto— el paisaje natural.

Además de las imágenes, Ross y Allison consiguieron una enorme cantidad de testimonios que demuestran que hay mucho más que decir (y pensar) sobre este límite poroso. Sin duda el asunto de la migración marca la agenda política y la opinión pública en torno a la frontera, pero, además de este, hay movimientos mucho más sutiles que dejan su huella en la tierra.

El muro es imposible

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Entre las “sutilezas” hay relaciones de todo tipo y tratar de resumirlas es muy complicado. Por otro lado, vale la pena considerar por un momento lo absurdo que es pretender que no existan flujos socio-culturales entre un lado y el otro.

Para las personas y sus expresiones simbólicas es absolutamente normal desplazarse entre territorios geopolíticos; igual que para las especies animales y las esporas de las plantas. En ese sentido, la idea de un muro perfectamente cerrado, simplemente no ha de materializarse.

Así lo entienden, por lo menos, los sujetos que Ross y Allison pudieron entrevistar. Muchos de ellos tienen la costumbre de ir y venir entre países con toda naturalidad, porque si miramos hacia adentro, ese tipo de contacto es igual que entre sujetos que son del mismo barrio o entre vecinos.

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En el sentido abstracto, la idea de la frontera significa una enorme distancia, pero en el día a día, es solo eso: una idea. Incluso, como explicó Allison para la revista WIRED, “la gente no quiere ser identificada por su proximidad a la frontera.”

Además, refiere la artista, los problemas sociales de los estadounidenses en esa región tienen que ver con la falta de infraestructura y apoyo del gobierno local. En México sucede algo parecido: tenemos una desconexión política y cultural entre norte y centro. De alguna forma, estos trazos de tierra son espacios con vidas y regulaciones propias, donde ambos lados sostienen un poco del otro.

Así, lo que demuestran estas espectaculares imágenes es que la frontera no es ningún patio trasero, sino un enorme y multifacético territorio cuya comprensión implica una mirada disponible, que no pretenda saber lo que ahí sucede, sino que esté dispuesta a comprenderlo.

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