Fantásticas voces de ópera irrumpen este mercado mexicano (VIDEO)

Hay algo en los sonidos que emite esta música que sugiere suspender hasta el más caótico entorno…

Los mercados aparecen caóticos. La ópera se presume elegante. En el mercado pregonan con tonos chillones los marchantes. En la ópera sopranos, tenores y otras fantásticas voces ensamblan un delicado panorama sonoro. Los mercados son públicos. La ópera tiene la mala fama de responder sólo a ciertas clases sociales. Pero ambas manifestaciones son coloridas a reventar y en sus peculiares escenografías se desenvuelven las vidas de fabulosos personajes (algunos de ficción y otros “de carne y hueso”). Ahora imagínalos juntos: la ópera suspendiendo, de imprevisto, el flujo intenso del mercado.

#PorqueEsViernesVamos al mercado a escuchar ópera. 😱😃🤗👀🎼¡Da inicio el Programa de Acción Cultural Comunitaria! En el Mercado Río Blanco, delegación Gustavo A. Madero.

Posted by Instituto Nacional de Bellas Artes on Friday, July 20, 2018

Esto sucedió en el mercado Mártires de la Río Blanco en la Ciudad de México, como parte de un curioso proyecto cultural del INBA llamado “Ópera en Mercados”. La idea es armar conciertos a manera de flashmob en los tianguis de algunas de las colonias más “marginadas” (que probablemente significa lejos de los circuitos grandes de consumo cultural) de la ciudad, pero con un formato casual, abierto y bastante espontáneo.

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Los intérpretes van vestidos de comerciantes y clientes, con bolsas de mandado, mandiles y hasta atendiendo puestos de carne o verduras. De pronto, la música comienza a sonar intensa en una bocinas y los ruidos del mercado, radios, televisiones, gritos que ofertan, reclaman o piden, chismes y demás, cesan. Las voces, completamente lejanas a las convenciones de este sitio resuenan inmensas y todo se desacelera. Los intercambios de bienes por dinero frenan, también las prisas y las ansias, sobre todo la densidad que a veces marca estos espacios, incluso los pequeños actos violentos que se cuelan en lo cotidiano. Comienza la escena.  

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Los cantantes brincan y bailan entre la audiencia dispersa; los tocan e involucran; se suben a las mesas y a los puestos; juegan con las frutas. Sería insólito para un conservador del género. Al mismo tiempo, los rostros de la gente anonadada, que humildemente se deja encantar por esta manifestación que consideraba ajena, son preciosos. Y, en ese momento, francamente da lo mismo si la ópera está diseñada para algunas clases sociales y no otras: aquí la cosa es exponerse siempre a movimientos y piezas que sentimos lejanas, precisamente porque nos dan una lección de humildad o hasta nos hacen sentir empatía por cosas que de antemano habíamos rechazado.

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Uno de los cantantes, el fantástico tenor Francisco Pedraza, no solo se dedica a la ópera, también atiende un puesto de zapatos en el Mártires y sabe que sus compañeros se pasan prácticamente todo el día trabajando, así, tienen bien merecido un momento distinto y la posibilidad de encontrarse con otra cosa; de romper los prejuicios y re-ensamblar la vida diaria.

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Como dice la escritora Henriette Lazaridis, hay que amar la ópera por lo que nos hace sentir; no por la tradición a la que responde, sino por lo que evoca para cada quien. Frívola, en muchos sentidos, está marcada por la necesidad de explorar las pasiones y eso es algo con lo que todos podemos relacionarnos.

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El tianguis: lugar de encuentro prehispánico y de creación de identidad

Ahí se hacía una fusión de culturas desde tiempos prehispánicos, hoy es una vía hacia la diversidad.

La conformación de la sociedad es en esencia un canal de supervivencia: tanto físico como afectivo. El hombre ha debido aceptar su “dependencia” a la sociedad, considerando lo complejo que es subsistir aislado –ello sin mencionar que somos gregarios por naturaleza. En la sociedad existe la diversidad, de oficios, productos y servicios, y en esta amalgama es posible satisfacer necesidades básicas que resulta prácticamente imposible abastecer de manera individual.

Por ello el intercambio ha sido parte de la historia de la humanidad. Por medio de este los individuos se hacen de servicios o productos de los cuales se carece y, al disponer de otros, se genera un valor que promueve este intercambio.

En el México prehispánico el trueque fue el método más generalizado para hacerse de productos y servicios –aunque sobre estos últimos existieron importantes modelos colaborativos en los que la comunidad se involucraba para resolver las necesidades de un miembro y luego este formaba también parte de las labores cuando otra persona de la comunidad lo requería. Entre los nombres de estos tipos de colaboración están: el tequio y el ipalnemohuani, por mencionar solo un par.

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Aunque generalmente el comercio se hacía simplemente por medio del trueque, también habían monedas aceptadas como el cacao, las mantas o las hachas de cobre. Y el sitio por excelencia donde en diversas partes de Mesoamérica las personas confluían para hacer estos intercambios comerciales eran los tianguis, cuya palabra proviene de tiānquiz(tli), que significa mercado.

Tan eran imprescindibles los tianguis en la cultura mesoamericana, que cuando los españoles llegaron a Tenochtitlán, y vieron en el de Tlatelolco a más de 60 mil personas en actividad comercial (y cultural) supieron de inmediato que la ciudad sería tomada solo cuando fuera también sitiada esta plaza.

Los tianguis eran un lugar determinante de reunión. Allí de algún modo se conocía la biodiversidad de tierras lejanas, de lenguas, de creencias. También allí se reafirmaba la identidad, o bien, se nutría de otras influencias.

Era tan importante, que, por ejemplo en Tenochtitlán, a los días de tianguis asistía un consejo encargado de resolver las disputas mercantiles. Se congregaba en torno a ellos tal cantidad de gente, que se hacía indispensable un aparato de justicia presente y contundente en un evento de esta envergadura. Según nos narra la investigadora de la Universidad Autónoma de Campeche, Pascale Villegas, en su artículo Del Tianguis Prehispánico al Tianguis Colonial: Lugar de Intercambio y Predicación (Siglo XVI):

Una de las constantes en los escritos de los primeros conquistadores que visitaron México-Tenochtitlan guiados por Moctecuzoma y los suyos, fue la admiración que sintieron cuando a la vuelta de una de las calzadas toparon con la gran plaza del mercado de Tlatelolco. Cortés y el Conquistador Anónimo, dos de los testigos oculares, no esconden en sus escritos su estupefacción, se quedaron boquiabiertos ante el número incalculable de personas reunidas. Los primeros testigos oculares avanzan la cifra de entre 40 000 y 60 000 personas. (Cortés, Cartas de Relación, Segunda Carta: 63).

También, como eran tan importantes, incluso luego de la conquista, los españoles levantaron centros religiosos cerca de estos mercados. Hoy los tianguis continúan siendo imprescindibles en la cultura mexicana: un estudio del Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) de 2015 arrojó que hasta el 65% de los mexicanos considera que las frutas, verduras, carnes y pescados son de mayor calidad y “más frescos” en los tianguis y mercados en comparación con los supermercados.

Según estudios de la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Amalia Attolini Lecón, aún hoy existen tianguis cuyo origen fue prehispánico, como el caso del mítico mercado de la hermosísima Cuetzalan (Puebla); Tianguistenco y Otumba (Estado de México); Tenejapa y San Juan Chamula (Chiapas); Chilapa (Guerrero); Zacualpan de Amilpas (Morelos) o Ixmiquilpan (Hidalgo).

La cultura de los tianguis permitió el intercambio de ideas y la confluencia de sociedades disímiles; hoy aún los asociamos con productos de la región, los vinculamos a México, incluso al México Profundo; son una ventana al mundo rural y artesanal, también a la biodiversidad. Jamás será lo mismo la experiencia comercial en un tianguis que en un supermercado, y es que aquí  confluyen épocas, usanzas arraigadas y la diversidad social del país.

“Ir al tianguis” es  una invitación a la identidad, a la cultura desde el comercio cuando se mira desde el valor de lo ancestral, lo cotidiano, lo diverso: esta última es su exquisita constante.

Y también, comprando en un tianguis se fortalece al mercado interno, lo que conlleva a una economía más sólida, menos dependiente de otros países.

*Imágenes: 1) La Gran Tenochtitlán, mural de Diego Rivera en el Palacio Nacional; 2) Fragmento de la maqueta que representa al Mercado de Tlatelolco en el Museo Nacional de Antropología e Historia

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Emociónate con estos 5 flash mobs muy mexicanos (VIDEOS)

De pronto, en distintas partes del mundo comienzó a escucharse una trompeta y en cuestión de minutos se forma un ambiente mexicano a partir de elusivos flash mobs.

Como una escena fantasiosa en la vida real, en 2003 el primer flash mob exitoso sucedió en la tienda de Macy´s en Nueva York. Al menos cien personas se reunieron al rededor de una alfombra carísima, y en una escena cómica y algo absurda, cuando los empleados preguntaban a este grupo sobre sus intenciones, estos respondían que habían ido ha comprar la alfombra del amor.

Con el tiempo los flash mobs comenzaron a volverse más musicales, tal cuál, como una escena fantástica donde de un momento a otro todo se convierte en acordes, baile, sorpresa y sincronía. El antecedente más viejo de este quizá se encuentra en los Happenings iniciados en los 50´s, un movimiento de arte, agrupado en la rama conocida como performance arte, donde se reunían personas para hacer una escena, muchas veces sin público; la fugacidad y el arte por el arte fueron sus principales cualidades.

Los flash mobs cada vez son más elaborados. Incluyen musicalización en vivo, baile, y el lidiar con la sorpresa como inspiración creativa. En el mundo se han realizado muchos donde el protagonista ha sido la cultura mexicana; y con estos atisbos, las personas de distintas partes del mundo se han sentidos conmovidas, baste ver las reacciones.

 

En Madrid, España

En los Ángeles

En Colombia

 

En  el centro de la Ciudad de México

 

En Dolores Hidalgo, Guanajuato

En Tlaxcala

 

Los mercados de la Ciudad de México son declarados como Patrimonio Cultural Intangible

La ciudad hoy guarda hasta 329 mercados públicos, una conservada herencia de época prehispánica.

De acuerdo a la mitología mexica, Huitzilopochtli ordenó a esta sociedad que se dividiese en los 4 rumbos del mundo. Según el Códice Mendocino, entonces Tenochtitlán quedó dividida en 4 grandes barrios Cuepopan, Moyotlan, Zoquiapan y Atzacualco

En estos 4 cada uno contaba con grupos de casas llamados calpulli, los cuales disponían de su propio templo, escuela y jefe de barrio, también de sus mercados. Estos últimos fueron siempre un eje fundamental de la vida social y económica en mesoamérica, en derredor de ellos no solo se gestaba un gran intercambio económico, también cultural sobre técnicas agrícolas, mejorías de especies, formas de entender el mundo desde la distinta relación con la naturaleza de los distintos grupos.

En Tenochtitlán el mercado más grande e importante, y que dejó atónitos a los españoles, fue el de Tlatelolco, que había transformado a esta parte de la ciudad en una comercial, dinámica, a donde llegaba mercancías de muchas partes de mesoamérica.

Los mercados, así, han sido eje medular del urbanismo y cultura en la Ciudad de México desde hace más de 700 años. Hasta hoy perviven, incluso, a contracorriente con una globalización que integra grandes supermercados, la mayoría de origen extranjero. Aún así, las cifras muestran que el 46% de la población en la Ciudad de México continúa, afortunadamente, abasteciéndose en el mercado, hoy existen hasta 239.

Por ser estos un eje ineludible de cultura, en estos días por primera vez los mercados de la Ciudad de México han sido nombrados como Patrimonio Cultural Intagible por parte del gobierno de la ciudad. Este nombramiento tendrá el efecto de la implementación de un Plan de Salvaguarda por medio de una Comisión de Patrimonio Cultural Intangible. Esta Comisión estará integrada por las Secretaría de Cultura y la Secretaría de Desarrollo Económico.

 

*Imagen: @mediatrover