8 razones por las que la UNAM es la universidad más hermosa de Latinoamérica

La UNAM nos ha sido siempre motivo de orgullo para los mexicanos, y ahora la nombraron la más bonita.

La Universidad Autónoma de México siempre nos da buenas razones para estar orgullosos. Primero, porque es una fantástica escuela. Los alumnos que constantemente crean soluciones tecnológicas, médicas y sociales a complejos problemas lo demuestran. También el hecho de que los tres premios Nobel mexicanos se formaron en la UNAM. Por otro lado, el espacio en sí es digno de ser admirado.

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Recientemente, para abonar a sus victorias, la UNAM fue nombrada la universidad más bella de Latinoamérica por la revista Times Higher Education y, aunque estamos muy contentos, no estamos sorprendidos. La UNAM es un festín para los ojos, especialmente para quien ama la arquitectura. Otra buena noticia es que esta casa de estudios no fue la única mexicana mencionada en el conteo emitido por la revista: la acompañaban también la Universidad de Guanajuato en el cuarto lugar y la de Guadalajara en el quinto.  

Para celebrarlo, te compartimos 8 razones por las que la UNAM es la universidad más hermosa de Latinoamérica.

La UNAM es una ciudad en sí misma

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Así lo dijo Times Higher Education y es una preciosa forma de ponerlo. La UNAM acumula todo tipo de recintos creativos, científicos y tecnológicos. Además sostiene un auténtico ensamblaje social, con todo lo que eso implica (también los conflictos y un ardiente espíritu político).

Su rica mezcla de estilos arquitectónicos

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Fotografía: Adlai Pulido.

No por nada el Campus Central fue nombrado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2007. Inaugurado en 1952, este tremendo circuito contiene edificios e instalaciones diseñadas por más de 60 arquitectos, ingenieros y artistas. Su rica mezcla arquitectónica hace honor a lo mejor de las artes, el urbanismo y la cultura del México moderno, sin hacerle honrosos guiños al pasado.

Tambièn en Más de México: Arquitecta mexicana fusionó delicadamente a México e Inglaterra en esta magnífica pieza (FOTOS)

Los murales

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Un acervo realmente monumental, que se compone de 110 murales de distintos momentos de la historia del arte mexicano. Destacan por supuesto los de David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y la magna pieza de Juan O’ Gorman en la fachada de la Biblioteca Central hecho con piedras naturales de muchísimos colores, traídas de distintas partes del país.  

También en Más de México: El muralismo de Diego Rivera y su importancia en el pueblo mexicano

Jardín botánico

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Donde el espíritu científico y la belleza se combinan. El jardín se compone de más de 1600 especies de plantas de todos los ecosistemas mexicanos. Algunas de ellas en peligro de extinción. Un lugar perfecto para reconectar con la naturaleza y conocer y apreciar profundamente la biodiversidad de México.

Espacio escultórico

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Este recinto arquitectónico fue inaugurado en 1979- Estuvo a cargo del escultor Federico Silva que quiera generar un espacio donde naturaleza y edificaciones se encontraran armoniosamente. Así, en el Centro Cultural Universitario se construyó esta magna obra que reúne belleza natural con algunas referencias a distintas cosmogonías prehispánicas y, por supuesto, la técnica del escultor.  

Estadio universitario

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El estadio diseñado por Augusto Pérez Palacios está inspirado en los recintos deportivos de otras grandes universidades, como Cornell en Estados Unidos. La construcción comenzó en 1950 y, en ese momento, el edificio se planteó como un signo de modernidad mexicana. De hecho el gran arquitecto Frank Lloyd Wright lo llamó “el edificio más importante de la América Moderna”.

El MUAC

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El Museo Universitario de Arte Contemporáneo, ubicado en el Centro Cultural Universitario es otra joya arquitectónica. Diseñado por el arquitecto Teodoro González de León se ha convertido, en todos los sentidos, en un referente a la creación contemporánea, nacional e internacional. Para todo mexicano, este espacio es imperdible.

19S: el día que “glitcheó” mi subjetividad (CRÓNICA)

Si México fuera “uno solo” no aguantaríamos nada. Son nuestros quiebres los que nos hacen resilientes.

Con cariño para las chicas de LCD y Sandra, Marén, Yolanda, Andrea, Ian y Javier

Por comprenderme.

Glitch: un quiebre y/o una disrupción en el flujo esperado de un sistema.

Nick Briz

“Únicamente quien supiera contemplar su propio pasado como un producto de la coacción y la necesidad, sería capaz de sacarle para sí el mayor provecho en cualquier situación presente. Pues lo que uno ha vivido es, en el mejor de los casos, comparable a una bella estatua que hubiera perdido todos sus miembros al ser transportada y ya sólo ofreciera ahora el valioso bloque en el que uno mismo habrá de cincelar la imagen de su propio futuro”.

Walter Benjamin, Dirección única, 1928


La muerte nos va a agarrar parejo. Por eso en secreto la llamaré “la democrática”, la horizontal, la incluyente. Lo que plantea su materialidad  no discrimina, como invariablemente hacemos nosotros, los sujetos.

El 19 de septiembre de 2017 llegué tarde a la oficina en la Condesa, CDMX. Estaba decidiendome entre escribir una nota sobre Alberto Kalach y una sobre maíz transgénico, cuando de pronto, a pesar del simulacro, de la efeméride y de todo pronóstico sobre lo poco poéticas que son nuestras vidas, empezó a temblar. Lo sentí inmediatamente, como un jalón que, específicamente se enganchó a mi corazón. Este, haciendo lo posible por no frenarse, dio un vuelco y luego otro. Mi mirada buscó la de la chica que estaba escribiendo junto a mí: corre. Una confirmación extraña y después los gritos, anunciando a todos, que paradójicamente, había que abandonar la casa: estaba temblando.

No era como otras veces. La intensidad, la tierra haciendo resonar sus benditas entrañas lacustres, nunca había conocido esa sensación. Pero fue en ese instante, cuando miré hacia arriba y los cables en el cielo dejaron de formar patrones cuadrados y se transformaron en ondas intensas, imparables —como olas de la costa de Oaxaca—  que comprendí que algo en mí estaba quebrándose para siempre.

 
 
 
 
 
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Mi cuerpo quería desparramarse, fracturarse. El enfrentamiento con La Democrática, que siempre había esperado —como supongo que hace casi cualquier mexicano, desde que empezó la guerra contra el narco— no se anunció, no me alertó y en ese aparecer espontáneo me hizo hincarme. “Párate, no puedes estar en el piso”, que, por cierto, estaba rompiéndose, también, como yo. El abrazo de la otra redactora me contuvo y su rostro, implorando mi calma que, francamente, nunca llegó. Pero me levanté, a tiempo para ver caer pedazos enteros del edificio de enfrente, sobre todo ese grande que cayó sobre un perrito o gatito negro, cuyo torso terminó aplastado y funcionó, para mí, como evidencia suficiente de que el mundo que conocía había terminado.

“Mi hermana”, murmuré y luego grité múltiples veces, desnudando mi propia estructura y anunciando que, en efecto, solo quería confirmación de que mi hermana estaba bien. Los momentos que siguen son confusos, el gas inundó las calles y un par de ventanas estallaron. Corre. De nuevo. Corre. Cientos de sujetos corriendo sin rumbo, solo para encontrarse con otros cientos. El control: lo perdí. Fue inmediato. Perdí el control. Pasaba de la ansiedad, de la risa, a los gritos, al llanto incontenible. Perdí el control: mi estructura se evidenció de tal manera, con tanta transparencia, que desaparecí.

Confirmé rápidamente el bienestar de mi hermana y de tantos otros queridos. Por el momento, las cosas estaban estables. Ironía. La calle era un caos y la noticia repentina de que el epicentro había sido en Morelos me cayó terrible, soy de allá y mi casa allá está, con mi mamá y otra hermana. Y mis amigos de antes. Y los cerros. Y las cosas que conozco.

Mi papá me compartió un mensaje que dejó más en claro el panorama: la lista de edificios que, hasta el momento, habían sido registrados como colapsados. Escuelas, primarias, multifamiliares completos. Muchos cerca de mi casa.

Una buena amiga me recogió y realizamos una travesía inmensa desde la Condesa, hasta la Alberca Olímpica.

Algunos episodios notables:

  1. Insurgentes, abarrotada de seres humanos, anticipando que los próximos días, las calles iban a pertenecer a los peatones y no a los coches.
  2. La farmacia, donde compré sueros a 30 pesos (“Lucrando con el temblor”, le dije cínicamente a la tendera) y un par de cajas de ketorolaco, estaba prácticamente vacía; delatando a mi ser paranoico que probablemente habría escasez, pero estaba equivocada, en los días que siguieron, no faltó nada.
  3. Una mujer vendiendo plátanos, hizo eco en lo que restaba de humanidad en mí y compré un par de kilos que cargué psicoticamente hasta la casa y terminé regalando a brigadistas.
  4. Una señora de 90 años en silla de ruedas, y su cuidadora de más de 60, que me llevé conmigo y mi amiga, y los plátanos, en una escena que me recuerda (y no sé bien por qué) a El Viaje de Chihiro.
  5. Los de la marina corriendo formados, cargando picos y la visión lejana del primer edificio colapsado que presencie en la vida.

Llegar al departamento no fue agradable. Mi pésima reacción había marcado una distancia seria entre mi subjetividad y las de los demás. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. De ahí en adelante se hizo mucho: además de ayudar a controlar el tráfico en una ciudad sin semáforos, no dormir por 6 días, ayudar en los acopios, cargar, perseguir derrumbes, el momento más importante fue la breve participación que tuve en las brigadas.

No quisiera repetir lo que posiblemente todos han pensado. Sí, la solidaridad fue inmensa. Escuché por ahí la frase: “tranquilos, todos tienen derecho a ayudar”, mientras nos formaban y vestían con cascos y guantes para acercarnos más o menos protegidos a los derrumbes a cargar piedra. Éramos tantos. Pero lo increíble, lo que realmente me marcó fue que “no éramos uno”, México no “fue uno” ese día, para nada. La Democrática no agarró parejo. No ese día. Éramos un chingo, eso sí, y éramos absurdamente distintos y era obvio que no veníamos ni del mismo lado, ni estábamos cortados con la misma tijera; pero estábamos juntos.

El glitch, la falla espontánea en el sistema, la acumulación de tensiones que culminó en caos, me partió en miles, me hizo perder el control y cuando me encontré con mis cimientos, no había nada (en serio, nada, carajo, es carne), pero entre esas grietas, lo que vi, lo que sentí, fue a un chingo de personas. Unas me dieron comida, otras café, unas me abrazaron, me protegieron, me llamaron, me buscaron. Me subí al coche de un hombre desconocido: ¿en qué clase de circunstancia haría tal estupidez?  El señor nos llevó a varias chicas apretujadas a un derrumbe. Feliz de hacer algo, de poner en marcha el coche, de funcionar como un puente entre la geografía y la materialidad-peatón y no ser un vehículo predominante en el diseño de lo urbano.

Una anécdota divertida, que resume para mí el estar-juntos:

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Todos dieron lo que tenían. Por suerte lo que ellos tenían eran tacos al pastor…

El 20 de septiembre de 2017, llevábamos horas formados intentando pasar al derrumbe en Petén (lugar que nunca voy a olvidar), acababan de sacar a alguien, pero sin vida: los ánimos bajaron. Estaba lloviendo. Hacía frío. Estaban al borde de sacar a otra persona más, con vida. “¡Mazos! ¡Mazos!” comenzaron a gritar todos. Necesitaban mazos. Así, todos gritabamos, el mensaje se corría y alguien en algún momento llegaría con un mazo; un pinche mazo, era la distancia entre el afuera y el adentro para alguien. No llegaba, gritábamos como idiotas y no llegaba. Llegó. Silencio. Puño en alto. A la espera. Tal vez sale. Tal vez sale y bien. En eso, de la nada, un tipo llega corriendo a la zona con una cantidad absurda de vasos, desbordando vasos. “¡Aquí están, aquí están los vasos!” gritó emocionado, convencido de su utilidad. “Mazos, pendejo” le dijo alguien. Todos nos empezamos a reír, también el de los vasos, risas y llanto, claro. Risas a lo cabrón. Unos minutos después se alzaron los puños. Los mazos (y los vasos) cumplieron su cometido. Alguien salió con vida. ¿Quién? Pues qué chingados importa. Estaba vivo.

No tengo nada contra La Democrática. En cualquier caso, nos va a agarrar parejo. Ese día aprendí eso. Pero así como ella, también entendí que nuestra identidad, la narración de estas subjetividades trabajando en conjunto, también puede ser como la muerte, agarra parejo. Yo lo viví, no se me olvida. Cada vez que aparecen los gandallas, que matan a alguien o lo desaparecen, me acuerdo de que ustedes también pueden agarrar parejo. De que si hoy tiembla (bendita poesía), van a venir por mí. Y yo voy a ir por ustedes. Hoy, solo hoy, no importa lo que significa ser mexicano.

Cortesía de Juan Villoro, para quienes no saben quiénes son: son el lugar donde habitan; son el espacio que administran. ¿Y de dónde son? Son del lugar donde recogen la basura. Y yo también. Ahí te espero.

Epílogo

 
 
 
 
 
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La muerte natural no existe: cualquier muerte es un asesinato. Y si no se protesta, se consiente. Yo desconfiaría aún con el dedo en Su llaga.

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El 23 de septiembre de 2017 volvió a temblar. Una cosa llevó a la otra y terminé con un ataque de ansiedad imparable y terrible. Como nunca antes sentí la distancia entre mi subjetividad y la de otros. Yo era un peligro, dadas las circunstancias. Perdí mucho ese día. Además del control, la confianza de mis amigos.

Estaba tan quebrada que tuve que delegar mi propia vida a otras personas. Tuve que pedir cuidados y protección, explícitamente. Me dio coraje, hoy todavía me da coraje, tenerle tanto miedo a la muerte. Me da coraje no hablar de eso. Me da coraje que tú o tus amigos, o tu familia, hayan vivido una desgracia. Una “pérdida irreparable”. La pérdida de la vida es reprochable, porque siempre implica una pérdida de la posibilidad. Y hace parecer que los cuidados en vida son inútiles. Pero no creo que lo sean.

A todos los que están sufriendo, por esta y otras catástrofes hago una promesa solemne: prometo cuidar la vida, prometo luchar por la posibilidad dentro de la posibilidad. Prometo mantener la calma, hasta donde me sea posible. Claro que también prometo permitir mis quiebres, porque a ellos les debo estas lecciones vitales. Estas vivencias.

Sigo en la CDMX, todavía no estoy lista para despedirme.

Con el puño en alto.

También en Más de México: Reflexiones de grandes escritores mexicanos sobre el sismo de 1985 que hoy valiera releer

*Imágenes: Destacada: AFP; Cuartoscuro.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Remonta la UNAM y avanza 100 lugares, es la 2da. mejor universidad de Latinoamérica

El ranking hecho por la Universidad de Shangai reconoce a la UNAM como la mejor de México, la 2da. Mejor de América Latina, y entre las mejores 200 del mundo.

La mayor universidad del país, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desde sus inicios ha sido un orgullo mexicano. No es ninguna casualidad que de ahí hayan egresado todos los mexicanos premiados con el Nobel: Octavio Paz (Nobel de literatura), Alfonso García Robel (Nobel de la paz) y Mario Molina (Nobel de química).

Otras figuras célebres como el escritor Calos Fuentes o Elena Poniatowska (ambos ganadores del Premio Cervantes) también fueron egresados de esta casa de estudios. Y precisamente uno de los criterios a evaluar sobre las mejores universidades del mundo por “rankings” internacionales tiene qué ver con la producción de investigación de la universidad, las publicaciones conseguidas en las revistas internacionales de ciencia, los premios Nobel egresados de estos lugares y el número de veces que sus académicos son citados en las distintas disciplinas. Es decir, el capital humano traducido en aporte a la ciencia.

En esta tarea la UNAM ha sobresalido. Su más alto nivel en rankings mundiales lo obtuvo en el 2008 con el Academic Ranking Of World Universities 2008 del Instituto de Educación Superior de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, cuando fue reconocida entre las 60 mejores universidades del mundo.

De acuerdo a un nuevo ranking de la Universidad de Shangai, este año la UNAM avanzó casi 100 lugares en comparación con 2014 y 2015. Este listado clasifica a las 500 mejores universidades del mundo y en la edición 2016 la UNAM está ubicada en el tercer bloque, junto con instituciones como la London School of Economics (LSE), donde se encuentran las escuelas situadas entre el lugar 151 y 200. En este aparece como la mejor universidad de México y la segunda mejor de América Latina, solo por debajo de la Universidad de Sao Paulo.

En los últimos dos años la UNAM había ido a la baja en los rankings internacionales, este es el primer repunte que da desde el 2014, y uno notable, con casi 100 posiciones arriba. Así que ¡Goya! y felicidades a esta gran institución.

*Imagen: UNAM

La UNAM abre millones de archivos en su Portal de Datos Abiertos

La UNAM comparte una buena porción de su tesoro informativo, para ser consultado libremente, y honra así la noción de que la información quiere y debe ser libre.

La información está de fiesta. Y es que la mayor casa de estudios de habla hispana en el mundo, la Universidad Nacional Autónoma de México, recién estrenó su Portal de Datos Abiertos, plataforma que pretende reunir todos los acervos que tiene a su custodia. Por ahora se trata de más de 1.5 millones de registros, divididos en cuatro temas: biodiversidad, obra artística, proyectos de investigación y objetos digitales.

Entre los contenidos que cualquier usuario alrededor del mundo podrá acceder en este sitio, se incluyen fotografías, partituras musicales e investigaciones diversas entre otras. Consciente de su compromiso con la apertura de información y conocimiento, por cierto un aspecto que forma parte de la esencia misma de la UNAM, la universidad se propone con esto “generar nuevos conocimientos en los procesos de investigación; estimular la creatividad y el desarrollo de áreas emergentes de investigación y docencia; mejorar la capacidad de respuesta a los nuevos problemas globales y transparentar los procesos de investigación utilizados para la publicación formal de resultados”.

Con este esfuerzo la UNAM comparte una porción de su propio Aleph, ese tesoro de información que durante décadas ha salvaguardado y que contiene innumerables estímulos informativos, disponibles para cualquiera que decida nutrirse de ellos y traducirlos en avances de México y el mundo. 

Para acceder al Portal de Datos Abiertos haz click aquí y sumérgete en las incontables delicias que ahí te esperan.