Los geniales atuendos del brillante escritor Fernando Del Paso (GALERÍA)

Si el genial Fernando Del Paso no te inspira a escribir, por lo menos permite que te contagie su incomparable estilo…

Aunque los millennials lo nieguen, o simplemente no lo sepan, la historia mexicana está plagada de fantásticos artistas, cineastas y escritores. Además, muchos de ellos no tuvieron miedo de explorar a profundidad los confines de este, su país de origen, porque sabían que no era necesario caer en ningún cliché, que la inmensidad de México da para inventar toda clase de narrativas.

Uno de ellos es (aunque ya nos dejó) Fernando Del Paso, escritor, pintor, académico y “fashionista”. Este hombre se volvió inmortal gracias a sus épicos textos, especialmente tres novelas, las más queridas y reconocidas por sus paisanos: “José Trigo”, llamada una de las mejores 100 novelas escritas en español, por el periódico “El Mundo”; “Palinuro de México”, publicada en 1977 y, la favorita del propio escritor, y, por supuesto, “Noticias del Imperio”, en donde relata desde múltiples voces las vidas de los excéntricos Maximiliano y Carlota.

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¡Wow!

La narrativa de Del Paso es indispensable porque el hombre no se definía simplemente como escritor; sobre todo se llamó a sí mismo (y también a esos con quienes comparte oficio) poeta. Y, sí, en efecto: su forma de quebrar la realidad con momentos surreales que de alguna manera parecieran perfectamente posibles en nuestro México, no es menos que poesía.

Sí, Fernando Del Paso no cuadraba con esa realidad narrada por la historia politizada que compartimos. Y en muchos sentidos. Tal vez por eso simplemente no podía evitar señalar cómo se sentía con la situación social del país, especialmente en sus discursos de aceptación de premios y reconocimientos, en palabras de Juan Villoro: “En momentos de aceptación, refrendaba su inconformidad”.

Por suerte de él nos quedan todas esas palabras, pero, francamente, eso no es todo: “Ningún escritor mexicano se ha vestido con más colores”, dice también Villoro, con una innecesaria modestia, porque los geniales atuendos de Fernando del Paso no merecen menos que un intenso asombro. Como su narrativa, tienen algo de surreal y como sus discursos, denuncian que lo real necesita necesita consumirse en cientos de deliciosas texturas.

Sí, el tipo escribía increíble (y hay que leerlo), pero si sus palabras no se te pegan, seguro te inspira su estilo. Así, recuperamos para ti una fantástica curaduría propuesta por el también poeta mexicano Horacio Warpola en Twitter.

Sobre los manuscritos inéditos de Juan Rulfo

Juan Rulfo nunca dejó de escribir. Pronto podrían ser publicados algunos de sus últimos manuscritos. Esto es lo que rondaba en la mente del lúcido mexicano hacia el final de sus días.

Para ser un mexicano plenamente lúcido, hay que saber navegar aguas oscuras. Pocos como el brillante Juan Rulfo, quien con sus enigmáticas imágenes —los textos y las fotografías— construyó profundos análisis de nuestra tierra, su gente y la energía compartida entre estas dos entidades. 

Y Rulfo nunca dejó de ser sensible a la magia de México; nunca dejó de escribir; a pesar de lo que muchos rumoran —que sólo escribió lo publicado (“El llano en llamas”y “Pedro Páramo”) y que sus textos le eran prácticamente dictados por su tío Celerino. Además, su sensibilidad no se limitó a la creación de sus inmortales ficciones: como él mismo señaló, además de escritor y fotógrafo, Juan Rulfo fue lector profesional. 

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Su biblioteca personal es la mejor evidencia de esto, pues cuenta con más de 15,000 volúmenes; pero no solo eso: su noble “vicio” lo llevó a redactar exhaustivos comentarios con su preciosa caligrafía en una serie de cuadernos aún resguardados por su familia. 

Dos de estos manuscritos podrían ser publicados pronto. Se trata de piezas que probablemente fueron escritas hacia 1982 —cuatro años antes de su muerte. “Estos textos son probablemente lo último que escribió y nos ayudan a situarnos en qué andaba metido al final de su vida”, explicó Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo a El País. 

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¿Y de qué van estas rarezas? Son ensayos sobre literatura, entre los que se encuentran anotaciones respecto a interesantes autores de distintas partes del mundo. En una de las piezas que podrían ser puestas a disposición del público, aparece una lista de escritores brasileños como Clarice Lispector (recomendada personalmente por la redacción de esta plataforma), Dinah Silveira de Queirós, Nélida Piñon, Lygia Fagundes Telles.

Sus comentarios también versan sobre literatura mexicana. Uno de sus recomendados es el bajacaliforniano Fernando Escopinichi a quien Rulfo llamó —como se cita en El País— “uno de los grandes cuentistas mexicanos”. Por otro lado, no tuvo en tan gran estima a los de la generación de la onda, sobre quienes escribió: “tipos irresponsables que lo que pretenden es escandalizar”. 

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Entre otras cosas, recomienda también a una serie de “no antropólogos, que han escrito novelas y relatos indígenas con verdadero acierto.” Entre ellos están: Francisco Rojas González, Andrés Henestrosa, Rosario Castellanos, Ramón Rubín, Eraclio Zepeda. 

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La recomendación viene al caso: muchos suponen que Rulfo habla en sus ficciones sobre los indígenas de México, por hablar de lo rural, pero en sus manuscritos declara que desconoce “cómo y por qué motivos actúa la mente indígena”.

Su prudencia parece contraria al espíritu que lo llevó a las entrañas de México en busca de profundas imágenes o densas tramas donde comulgan lo plenamente real y la naturaleza surreal de nuestra tierra; pero solo un lúcido mexicano sabe que la complejidad de este espacio nos sobrepasa a todos.

También en Más de México: Diccionario de cosmovisiones mexicanas, un obsequio de Juan Rulfo

*Fuente: “Dos ensayos inéditos de Rulfo ven la luz” de David Marcial Pérez, publicado en El País.

*Imágenes: Juan Rulfo

¿Puedes adivinar el título de estos libros mexicanos sólo con emojis? (TEST)

¿Te dices amante de la literatura mexicana? Entonces seguro te las sabes todas…

Hay que ser honestos con nosotros mismos: en la escuela no nos vendieron la literatura mexicana con suficiente entusiasmo. En consecuencia, no todos conocemos a profundidad las joyas que nuestros escritores han producido a lo largo de la historia. Y son muchísimas, porque en México la tradición literaria es muy sólida.

Por doquier se nombra a los grandes Carlos Fuentes, Juan Rulfo y Octavio Paz (quien ganó un Nobel de literatura, por cierto); en sitios menos internacionalistas y bastante exquisitos se admira a Juan José Arreola y a Alfonso Reyes; pero no solo tenemos escritores modernos, también hay grandes pilares en el pasado y en el presente.

Pero, bueno, tú estás aquí para poner a prueba tus saberes, así, si te consideras amante de la literatura mexicana, no te será muy complicado adivinar algunos de los títulos icónicos sólo con emojis. Aunque, si la verdad no te las sabes todas, esta es la oportunidad perfecta para descubrir algunas maravillas y dejarte seducir por las ganas de leer y leer.

También en Más de México: Alfonso Reyes: sobre por qué la originalidad no debe ser forzada

 

 

Honestamente ¿a cuántos le atinaste? 😝

Herzog y Rulfo: el encanto en lo marginado

Uno de los mejores cineastas del mundo, Werner Herzog, encontró su inspiración entre las letras del escritor Juan Rulfo

Hay un algo en común entre Juan Rulfo y Werner Herzog: la precariedad económica de su juventud y la necesidad que tuvieron de combinar el trabajo liberador del arte con cansadas jornadas laborales.

Herzog, ahora de 74 años, tuvo que trabajar en fábricas como soldador para poder realizar sus películas. Rulfo, de quien se festeja este año el centenario de su natalicio, tuvo que trabajar en Goodrich-Euzkadi de 1946 a 1952 como agente viajero, años en los que habría escrito sus obras El llano en llamas y Pedro Páramo.

No es casual entonces que el gran cineasta alemán sienta la profunda admiración que ha expresado por el entrañable escritor Juan Rulfo, pues en el origen precario de ambos genios radica su sensibilidad hacia el mundo de los marginados y los olvidados. Dice Juan Preciado, hablando con quien pudo ser su madre:

Ahora, desventuradamente, los tiempos han cambiado, pues desde que esto está empobrecido ya nadie se comunica con nosotros.

Y sin embargo en esos mundos llenos de olvido y dificultades también hay personajes felices, como el enano que ríe permanentemente en la primera película de Herzog, También los enanos empezaron pequeños:

Me hace gracia la idea de que haya un personaje que se ríe durante toda la película. Sólo se ríe.

 

Otra cosa en común es que ambos volcaron dicha sensibilidad a la posibilidad de expresarla vía el séptimo arte. En ello Herzog fue mucho más prolífico que Rulfo (quien no fue en realidad muy fecundo ni siquiera en la literatura, pero es un misterio si fue por voluntad o por falta de inspiración, aunque esto último no es muy probable). Y Herzog, además, inauguró toda una nueva forma de hacer cine, en la cual ficción y documental se mezclan de manera insólita para realzar el mensaje implícito en cada uno de sus trabajos, mismos que están impregnados de una preocupación constante por aquellos que no tienen voz en el mundo hegemonizado del arte, como los aborígenes australianos de Donde sueñan las hormigas verdes.

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“Anciana sentada en ele umbral de la casa de un pueblo”, fotografía de Juan Rulfo

A Juan Rulfo seguramente le habría parecido una gran simbiosis aquella entre ficción y documental realizada por el alemán, pues los relatos de Rulfo son algo similar en tanto que reflejan las entrañas de un México desconocido sin ser, no obstante, basados en historia real alguna. En este caso, las fotografías del jalisciense son la parte documental que viene a complementar sus novelas y cuentos, que pese a su realismo son, ultimadamente, mundos creados por él en los cuales, incluso, dotó a sus personajes de una forma de hablar única donde se combina el lenguaje popular más coloquial con una suerte de recreación artística del mismo. Con este regionalismo tan paradójicamente universal, Rulfo impregnó la mexicanidad de un aura donde es difícil discernir dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción.

Había estrellas fugaces. Caían como si el cielo estuviera lloviznando lumbre.
—Miren nomás —dijo Terencio— el borlote que se traen allá arriba.

No es raro, en ese sentido, que Herzog hable de Pedro Páramo como de la mejor obra literaria de América Latina, y del propio Rulfo como quien “viajó por todo México vendiendo llantas y era un gran poeta”. Herzog aseguró también, durante su visita a México en 2011, que se sabe de memoria los pasajes de Pedro Páramo; no es casual porque Herzog, aquel hombre de inteligencia callejera, al igual que Rulfo (y probablemente inspirado por él), ha sabido recoger lo feo, lo vulgar y todo lo más polvoso, pero dotándolo de su propia concepción del arte y la estética, lo que le concede a sus mundos un aura de dignidad y una belleza de aquellas que rompen parámetros.

Juan Rulfo tiene una visión única, los personajes que narra son poderosos. Hay que leerlo para saber cómo desarrollar personajes, lo leo antes de calentar motores para escribir.

Por eso, tanto él como Rulfo son dos titanes del arte, pues supieron reconocer, como expresara la poeta Alejandra Pizarnik, que una mirada a la alcantarilla puede ser una visión del mundo. Y nosotros añadiríamos que no sólo puede ser, sino que es la visión del mundo por excelencia; la visión verdaderamente humana ante la cual el arte se desdobla en su cualidad liberadora, y rompe las fronteras que buscan constreñirla a ser una práctica de unos cuantos para poder pasar, en cambio, a ser el lenguaje universal que realmente es.

Sandra Vanina Celis
Autor: Sandra Vanina Celis
Hija de tiempos posmodernos, pero aún así terca en la necesidad de construir el socialismo. Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio.