Geniales fotografías de “arquitectura libre” mexicana (GALERÍA)

Adam Wiseman retrató algunas de las construcciones más extrañas y fantásticas, esas que responden al capricho de quien las habita.

La forma en que los humanos habitamos el espacio deja a la vista mucho más de lo que imaginamos. En lo subjetivo, revela toda clase de secretos sobre nuestra vida cotidiana. Y en lo colectivo, nos muestra cómo hemos decidido ensamblar el mundo. Así, las construcciones de nuestras ciudades, responden a principios claros, ligados a nuestras culturas y tradiciones.

En ese sentido es increíblemente peculiar (y relativamente anti-funcional) una construcción que responde al más puro capricho de quien la quiere habitar. Pero en esa expresión de auténtica rebeldía y solipsismo, podría encontrarse una reflexión importante.

Adam Wiseman, un brillante fotógrafo mexicano, realizó una curiosa serie retratando algunas de las construcciones más extrañas y fantásticas que se le cruzaron en frente, en distintas regiones en el país. La mayoría son casas, algunas podrían ser calificadas de mansiones, otras son incluso iglesias rurales, pero construidas en la modernidad.

A Wiseman estas casas no le resultaron interesantes simplemente por su disonancia con el entorno. Al ver que son frecuentes a lo largo del país, comenzó a sospechar que tendría que haber una razón sociológica detrás de su existencia. En general, la obra de Wiseman está ligada a la práctica documental y a la etnografía, aunque su tirada no es hacer estudios formales a través de su obra, sino abrir preguntas en la mente de sus espectadores.  

El diseñador habita al otro lado de la frontera

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Wiseman tenía razón. Mientras que las extrañas construcciones sí responden a un capricho, este encuentra su razón de ser en una narrativa muy determinada. Según su investigación, estos edificios son diseñados por inmigrantes que viven y trabajan (sobre todo de forma ilegal) en Estados Unidos.

Las enormes construcciones son financiadas por ellos mismos, que envían el dinero a su país natal y encomiendan a sus familiares que supervisen el proceso de erigir la casa de sus sueños. Algunos de estos sueños están inspirados en los referentes más extraños como los castillos de Disney (y otras referencias Hollywoodenses), el neoclasicismo (propio de algunas iglesias), las mansiones estadounidenses y las casas de los suburbios del país del norte.

Wiseman le llama “arquitectura libre” a estas fantasías materializadas en block, varilla y cemento. Y como buena fantasía, tienen algo deliciosamente salvaje. Así sus acabados son ruidosos, de inmenso colorido y con torres o ventanas que responden a una lógica de organización que solo quien sueña podría descifrar.

Pero tal vez, ni él mismo. Según Wiseman, las construcciones develan la influencia de los familiares que supervisan, quienes también meten su cuchara en el diseño, posiblemente a espaldas del “libre arquitecto”. Y además, muchas de las casas que retrata el fotógrafo se encuentran inacabadas o abandonadas. ¿Será que la fantasía ya no pudo ser financiada?

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Sueños, caprichos y fugas

A Wiseman las casas no le aparecen como simples rarezas, kitsch o risibles, se guardan al interior algo que deberíamos aprehender. Su existencia denota anarquía. Su origen migrante invita a la movilidad.

Si la forma en la que los humanos habitamos el espacio es cultural y nuestra infraestructura responde a una forma de organizar el mundo, la “arquitectura libre” (aunque no es precisamente libre) aparece como fuga en la enorme masa de principios sobre habitar, que simplemente asumimos. Estas extrañas construcciones, derivadas de un sueño posmoderno terminan por ponernos en cuestión a nosotros mismos.

7 recomendaciones para ser un verdadero guardián de la cultura mexicana

La cultura mexicana es complejísima y diversa, por eso hay que cuestionarla, defenderla, celebrarla y asumirla…

“Globalización” tal vez es uno de los conceptos clave de nuestro tiempo. Sin duda lo hemos escuchado en toda clase de discusiones o nos ha provocado alguna vez cierta incomodidad o intriga. Sin embargo, su sonoridad ha ido perdiendo peso, especialmente porque la ultra conectividad a la que ya se está acostumbrando la sociedad contemporánea implica ineludiblemente “globalizarse”.

Por otro lado, la pregunta sobre la globalización y sus efectos en las culturas locales continúa siendo muy válida. De alguna forma, el “mundo globalizado” es un terreno de lucha, donde distintas culturas chocan y hacen todo lo posible por estar bien posicionadas, para sobrevivir.

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Aunque no hay que olvidar que solo quienes tienen ciertos medios (de comunicación, económicos, institucionales y demás) pueden lograr posicionarse. Así, muchísimas expresiones son desterradas de esta arena simbólica y, si nadie hace algo por ellas, incluso terminan por disolverse.

El proceso es más o menos normal. La competencia es un asunto que se repite en toda clase de conjuntos: igual entre culturas que entre especies de seres vivos; sin embargo, es importante volvernos guardianes de un aspecto clave: la diversidad cultural.

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Mientras que es muy celebrable que cada vez más personas tengan acceso a distintas expresiones, formas de ver el mundo y productos creativos, depende de cada uno de nosotros mantener abiertos los medios para que esta competencia global se mantenga más o menos equilibrada y una cultura no termine por tragarse a todas las demás.

Para México el asunto se vuelve muy complejo, si tomamos en cuenta que nuestra “cultura mexicana” en realidad es la suma de miles de expresiones distintas que se combinan a veces, o que también chocan entre ellas y además se alimentan de un constante flujo migrante. Así ser un verdadero guardián de la cultura mexicana no es cosa fácil, pero aquí te compartimos 7 recomendaciones para lograrlo.

Protege la narrativa cultural

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Así lo resumió, en pocas palabras, Marcelo Ebrard, el secretario de Relaciones Exteriores de México, y nos pareció una buena forma de plantearlo.

¿Qué significa esto? pues que, mientras que el mundo exterior se hacen ideas sobre lo que significa ser mexicano, basadas a veces en prejuicios o en conceptualizaciones a ratos superficiales, está en cada uno de nosotros construir una narrativa mucho más compleja, profunda y bien analizada y manifestar esta narrativa hacia afuera; es decir, hablar de la experiencia de ser mexicano, de vivir en México. ¿Cómo? cantando, bailando, filmando, escribiendo, investigado, o simplemente dialogando.

Por otro lado no te olvides de que la identidad es un asunto flexible (especialmente la mexicana) y que, aunque encuentra en la cultura una fuerza enorme, si pasa de ser permeable a ser dura e inaccesible termina por parecerse más a un muro que a una persona.

Investiga y comprende la historia del país

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Hay mucho de nosotros en las narrativas del pasado. Algunas de ellas nos hacen mucho daño en el presente, claro. Algunas historias, también, cada vez son menos confiables, especialmente porque “la historia la escriben los vencedores” y porque la verdad sobre algo que no está aconteciendo siempre (siempre) es relativa.

Pero si no investigamos la historia ¿cómo nos explicamos la existencia de algunas cosas que ya damos por hecho? Desde la forma de nuestras instituciones, hasta la manera en que se distribuye la riqueza, los argumentos del racismo, entre cientos de cosas más. Y, además de investigarla, hay que comprenderla; es decir, abrazarla, entender que es una herencia —a veces conveniente, a veces no tanto— que nos forma de alguna manera.

Infórmate

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Actualízate. La cultura está viva. Y si no le sigues el paso, te puedes perder de muchas cosas. Lee noticias. Mira más documentales. Lee publicaciones independientes y alternativas (como esta frente a tus ojos).

Échate la conferencia de prensa del gobierno, para bien o para mal (depende de la postura personal) es una forma de enterarse sobre lo que se hace en materia de política pública y mucho del desarrollo de estas políticas termina por definir la manera en que se desarrolla la cultura local.

Consume lo que producen los creativos mexicanos

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Gastronomía, artesanías, arte contemporáneo, moderno, barroco. Lee libros escritos por mexicanos. Hay gran literatura local. Consume cine mexicano y no solo “de Oro”, sobre todo contemporáneo; de verdad hay películas increíbles. Ve al teatro. Ve a la ópera. Al ballet. Pero también ve a conciertos alternativos. Escucha reguetón mexicano. Y también jazz mexicano. Procura lo que se hace aquí. Consume local. Es muy importante. Consume lo endémico, lo comunitario, lo justo, lo que traiga buena causa (y buena onda). Y sin regatear.

Apuéstale a lo emergente

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Sal a la calle, explora recintos culturales alternativos. Ve a los eventos de tus amigos. Paga lo que es justo a quien es creativo por su trabajo, aunque no sea consagrado. Si tienes espacio, préstalo a un artista local para que exponga o a un poeta de tu barrio para que recite. Hasta Cuarón alguna vez fue emergente, pero alguien le abrió la puerta.

Sé productor, no solo consumidor

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Todos producimos cultura, con cada uno de nuestros actos. Pero abrázalo. Sé conscientemente un productor. Es la mejor forma de proteger la narrativa que te gustaría escuchar sobre lo que significa ser mexicano.

Ante todo, defiende la diversidad

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Defender la diversidad es mantener abiertas las posibilidades. No se contraponen (y menos en México) ser guardián de la cultura y defensor de la diversidad. Entre más diversos seamos, más cultura tendremos.

Queremos escuchar mejor nuestras lenguas indígenas; queremos que el maíz siga siendo de colores; queremos que toda clase de colectivos de mujeres, LGBT+ y migrantes nos hablen de su propia versión de la mexicanidad; y que el racismo se eche para atrás; y que la información nos llegue a todos; y que la competencia sea mejor un flujo constante de cosas nuevas, que nos hacen sentir algo insospechado, cada vez.

*Imágenes: 1) adan.lev/Flickr; 2) Germán Espinosa; 3) Texas Monthly; 4) El País; 5) Aarón León Calles; 6, 7) Secretaría Cultura CDMX; 8) Vice; 9) El Universal; 10) Pujol.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Retratos sutiles del extraño y fantástico México

Con la mirada fresca, este fotógrafo argentino capturó la sutil esencia de nuestra extraña y fantástica tierra.

Es fácil enamorarse del extraño y fantástico México. A pesar de que su belleza no es siempre evidente, como un deslumbrante paisaje, una imponente catedral, una elegante pirámide o un colorido plato de deliciosa comida humeante.

Pero hay algo increíble en todas esas cosas que no son superficialmente atractivas, algo que sugiere un profundo misterio, una entrada, tal vez, a una dimensión divina o mística. Son esos rincones los que ha capturado el ojo de Franco Fafasuli, un joven fotógrafo argentino que transformó su caótico romance con México en espectaculares retratos de su sutil esencia.

Decidimos entrevistarlo porque nos interesa entender, a través de su particular distancia, qué encuentra en México y qué significa esta tierra para él. Te presentamos fragmentos de lo que nos compartió.

+DMX: ¿Por qué decidiste explorar México?

FF: Desde que tuve la oportunidad de vivir en México por 4 años, quedé fascinado, por su gente, su cultura y sus paisajes […].

+DMX: ¿Qué fue lo que más te llamó la atención?

FF: Lo que más me llamó la atención es la necesidad que hay en las calles, es algo que veía frecuentemente cuando vivía en la Ciudad de México, pero nunca fue algo que tenía tan presente. Creo que el hecho de empezar a sacar fotos me sirvió para mostrarme otro tipo de realidades sin importar dónde me encuentre.

Por otro lado, me llamó la atención fue el cariño que recibí por parte de la gente, por lo general siempre me he sentido muy querido en México […]. También la cantidad de esculturas o símbolos religiosos que hay en prácticamente todas y cada una de las esquinas de la ciudad.

+DMX: ¿Qué es lo que tratas de narrar con tu obra visual?

FF: Mi intención con estas fotografías es mostrar situaciones que vemos en nuestro día a día y que a lo mejor pasamos por alto; como decía anteriormente, la necesidad de la gente en situación de calle, o escenas algo “bizarras” a las cuales no estoy acostumbrado en mi cotidianidad, o simplemente detalles que me parecen interesantes plasmar.

+DMX: ¿Dirías que “lo mexicano” se puede definir?

FF: No sé si podría dar una definición de diccionario en relación a “lo mexicano”, porque de cierta forma es algo que no termino de entender, pero me encanta y me atrapa.

+DMX: ¿Cómo lo definirías?

FF: Lo definirá con el dicho “tu casa es mi casa”; para mí es así, tal cual; siempre que estoy en México me siento como en casa, todos son muy abiertos y siempre están dispuestos a conocer gente sin importar dónde sea que estés, y eso es algo que no he experimentado en ninguna otra parte del mundo.

Por otro lado, es tal el cariño que los mexicanos tienen por su país y su cultura, que de cierta forma se contagia.

+DMX: ¿Qué te enseñaron los personajes y paisajes que encontraste en México?

FF: Me enseñaron a mantener una actitud humilde y a ser optimista ante cualquier situación y a intentar ser feliz pase lo que pase.

Esta es la foto favorita de Graciela Iturbide (y su historia hechiza)

Esta artista no recuerda haber tomado su foto predilecta, quizá la más emblemática entre su acervo.

La tomó en 1979. En este tiempo ya gozaba de cierto reconocimiento como fotógrafa pues ya había inmortalizado al mítico concierto de rock ‘Avándaro’ y viajado como asistente de Manuel Álvarez Bravo por buena parte de México. Hablamos de Graciela Iturbide, una de la fotógrafas que más ha sabido capturar esencias de la diversidad del ‘México Profundo’.

Un año antes fue comisionada por el Archivo Escenográfico del Instituto Nacional Indigenista de México para documentar la población indígena del país y eligió a los seris: la última etnia nómada de estas tierras.

De esta experiencia surgió su obra favorita. La entrevistamos para conocer cuál es su imagen predilecta entre su acervo luego de una vida dedicada a este oficio y su respuesta nos hechizó (además de su peculiar dulzura):

Mujer-Angel-Desierto-de-Sonora-1979-©Graciela-Iturbide

Mi foto favorita es la ‘Mujer Ángel’, es una mujer que camina en el desierto con una grabadora.¿Sabes por qué? Por que nunca me di cuenta que la tomé, hasta que vi los contactos. El editor que estaba conmigo me dijo: y esta foto ¿por qué no la incluimos?

Y yo no recuerdo haberla tomado. Es una foto que siento que el desierto me regaló.

Curiosamente, ‘Mujer Ángel’ podría ser la imagen más emblemática de esta artista. La figura seri es como una fantasma: aparecida, muy femenina y casi flota… Sostiene una grabadora entre flores cuando el desierto se vislumbra lejano y hermoso; luminosísimo.

A su vez, esta mujer parece tener una intención muy dirigida, va hacia algún lado, o quizá, vuela hacia uno..

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )