Descubre la cotidianidad secreta de quienes viajan en la parte trasera de una pick up

Este fotógrafo retrata una delicada cotidianidad mexicana que se escapa de nuestra vista, pero representa mucho más de lo que nos permitimos ver.

Para algunos actos no existen palabras. Tan poca importancia le damos al trayecto entre la casa y el trabajo, por ejemplo, que no tenemos en español una palabra que lo refiera. Pero son esas pequeñas dinámicas –que construyen una cotidianidad secreta– las que conforman, en realidad, nuestras vidas.

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Al fotógrafo Alejandro Cartagena le importan mucho estos detalles y se dedica a explorarlos y retratarlos; procurándoles una importancia profunda. Incluso piensa que, al observarlos con cuidado podemos inferir a través de ellos los ensamblajes culturales, sociales y políticos que generan nuestras formas de vida en comunidad. Así, su obra se vuelve parte de una serie de narrativas gráficas sobre lo mexicano.

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Carpoolers es una serie fotográfica que retrata (y relata) el día a día de trabajadores que viajan hacia las ciudades mexicanas desde sus casas en periferias o pueblos. A veces uno, a veces cinco o más, se acomodan –como pueden– en la parte trasera de una pick up, acompañados, posiblemente, por distintas herramientas de trabajo, que van desde picos y palas, hasta conos de tránsito. Además, nos regala el fotógrafo algunas muestras del cielo de cables y letreros que, a su paso, los viajantes observan, con ojos entrecerrados.

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Una curiosidad que al fotógrafo le resulta muy interesante, es que estos hombres, que comparten el transporte, posiblemente no están pensando en el impacto ecológico de su desición. Optando por esta forma de transporte comunitario se ahorran buena cantidad de emisiones de carbono. Y es que, definitivamente, viajar de esta manera, no responde a una preocupación ambiental, sino a una necesidad que deviene de la falta de transporte público que conecte las zonas periféricas con la ciudad nuclear. Lo último es otra evidencia de que la vida urbana está reconfigurando todo lo que la rodea; sin embargo, la infraestructura poco se corresponde con estas tendencias económicas y sociales.

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Así, nos confirmamos que son silenciosas dinámicas las que están construyendo, todo el tiempo, nuestra cotidianidad. De ellas podemos extraer nociones o actitudes fundamentales ligadas a eso que consideramos “identitario”. En el ejemplo propuesto por Cartagena observamos una exaltación dulce de lo comunitario.

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Es casi un deleite ver cómo plácidamente comparten el sueño múltiples hombres cansados y recargan a penas las mejillas en el hombro del de al lado. Por supuesto, se hace notar la necesidad de economizar, que sin saberlo, apela a lo ecológico. Además, el extraño juego entre lo ilegal y lo práctico; porque no está realmente permitido viajar en esas condiciones (más allá de no traer puesto un cinturón de seguridad). Eso último, se corresponde con un método de construcción de las realidad muy mexicano; que muta conforme a la necesidad, no conforme a la “verdad” o la ley. Y, también, la linda, pero casi inevitable forma de “aprovechar el tiempo”, cubrirse del frío con un zarape sobre la espalda y disfrutar la merecida siesta.

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En un arranque de mexicanidad absoluta: la identidad mexicana a los ojos de Roberto Bolaño

Ser mexicano es un asunto de azar y resistencia...

“Supe entonces, con humildad, con perplejidad, en un arranque de mexicanidad absoluta, que estábamos gobernados por el azar y que en esa tormenta todos nos ahogaríamos, y supe que sólo los más astutos, no yo ciertamente, iban a mantenerse a flote un poco más de tiempo.”

Quim Font –en el punto más alto de la locura– en Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, escritor declarado mexicano, por su aguante.

Permítase una afirmación vertiginosa: ser mexicano es resonar con la tormenta. Esto sin importar de qué nacionalidad sea uno.

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SIÓN, poema de Cesárea Tinajero en Los detectives salvajes.

 

Es claro, por ejemplo que el escritor chileno Roberto Bolaño fue mexicano, por lo menos en ese sentido. También, porque, como dijo Chavela Vargas (costarricense): “¡Los mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana!”. Pero ¿por qué nos preguntamos con tanta efervescencia sobre la identidad nacional? ¿Por qué será que la afirmamos con tanta enjundia (como Chavela) o, en su caso, la descuartizamos aguerridamente?

Empecemos a especular desde otro ángulo (y con otra afirmación vertiginosa). Parece que en países como el nuestro –donde existe una tremenda diversidad cultural, resultado de una historia de conquista y mestizaje– hay una necesidad inagotable de representarse. Esto quiere decir, fijar para los sentidos (la visualidad, la escucha, el gusto, el olfato y tacto), los significados ligados a uno mismo. Pareciera que entre tanta remezcla, se vuelve absolutamente vital definir ante los demás –y en cierta medida justificar– la identidad.

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Tal vez recuerdes este juego. Tienes que adivinar a qué corresponde cada dibujo. ¿Qué representa? Son mexicanos haciendo cosas. Se sabe, por sus sombreros. Mexicano fumando pipa, mexicano en bicicleta, subiendo una escalera, mexicanos orinando…

Sin embargo, en los lugares donde los sujetos tienen un argumento más concreto sobre lo que son, es mucho más importante presentar. Quien conquista o ha conquistado un territorio, tiene autoridad para definirse a través de él. Hacer valer como lenguaje u objeto simbólico a otras personas. Se presenta y los otros no tienen más opción que representar. ¿Será la afirmación demasiado vertiginosa?  ¿O, efectivamente, una pista sobre por qué se habla como se habla de “lo mexicano?

¿Y cómo se habla? La verdad es que los discursos presentes son infinitos. Se podrían dilucidar tendencias. Habrá quienes afirmen, por ejemplo, en un arranque patriótico y anclados a su escueta geografía, que es mexicano quien nace en esta tierra. No falta el que entiende por mexicano al buen mestizo; pero este, ciertamente, suele desatender la forma con la que, neciamente, se le retrata. Habrá alguno que afirme (se ha escuchado), que las tortillas son ombligo de mexicanidad, pues no hay mexicano alguno que no consuma este alimento.

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El tormentoso evento de 1985 que desdibujó lo mexicano y lo volvió a escribir.

Pero frente a tantas excepciones de cada definición, cabrá preguntarse si ser mexicano es, “más bien”, una sensación. Tal vez sea un estado de la energía humana. Y supongamos que para poder describirlo, para poder presentarlo, hay que narrarlo; porque sólo una zambullida profunda al contexto en donde acontece “lo mexicano” podría poner, a penas, una luz sobre el asunto (como una vela encendida en medio de una tormenta).

Roberto Bolaño, el chileno, logró percatarse de las cualidades ocultas de este contexto (violento, vertiginoso, colorido, festivo, musical y estruendoso) y describirlo con mucha precisión en su novela “Los detectives salvajes”, de la cual poco nos interesa la trama; pero nos sorprende una frase, en donde se afirma la existencia de una mexicanidad absoluta. Esta se corresponde con un reconocimiento profundo de que estamos “gobernados por el azar”. Un azar tan poderoso y determinante que, desde otro encuadre, podría llamarse destino.

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Bolaño describió en su libro episodios del aguerrido 68 en México.

Una frase mexicana que nos remite a esto y que más nos vale recordar siempre, se vuelve fundamental: “Si te toca, aunque te quites. Y, si no te toca, aunque te pongas.” Así, refiriendo a la muerte, la tradición (en singular, aunque sea diversa), nos quiere hacer saber que no hay que preocuparnos, ni por la vida. Las circunstancias harán con nosotros lo que sea necesario. Cuando te toca, te toca.

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Adivina, ¿qué es esto? Son cuatro mexicanos velando un cadáver.

El destino se convierte entonces en una decisión: ¿afrontaremos este azaroso panorama con la frente levantada o agachados? Lo importante, aquí –en México– es que aguantamos. La muerte es igual en todos lados, pero es que ser mexicano es resonar con la tormenta.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Estas fotografías con drones demuestran la belleza de México en su simetría y color (FOTOS)

Un bello recordatorio fotográfico de que en México, hasta las cosas más caóticas, encuentran siempre un lugar propio.

Roberto Hernández es un mexicano que, además de participar activamente en el mundo del diseño editorial, ha llamado la atención por su invaluable fotografía con drone. El uso de estos vehículos aéreos no tripulados se ha popularizado considerablemente, porque las capturas logradas nos permiten dialogar con ese otro espacio desconocido que habita en nuestro territorio; una versión distinta del plano en el que nos encontramos. 

Quien ha visto el mundo desde las alturas, sabe que el panorama es privilegiado, no sólo porque para conseguirlo, nos hemos apoyado de herramientas muy sofisticadas a lo largo de los años (los aviones, el drone, los globos aerostáticos e incluso el uso de palomas mensajeras), también porque en las alturas, aquello que nos parece caótico desde el suelo, adquiere un sentido muy distinto y una belleza peculiar, incluso geométrica.

En la fotografía de Roberto Hernández, cada persona, objeto y movimiento que compone a México —este precioso y diverso territorio— se desplaza y estructura en sincronía con su propio ritmo. El resultado de sus tomas —de nuestra cotidianidad—, es una estruendosa y divertida sinfonía; con cadencias inesperadas y múltiples momentos de improvisación.

Pero, a ojo de pájaro, nuestra geografía, biodiversa y cambiante, combinada con la arquitectura de numerosos estilos, conforman la hipnotizante tierra de patrones que es México. Cada cosa, hasta los ritmos caóticos de nuestro país, responden a un principio de orden, a veces oculto, pero que, expuesto por una visión ambiciosa —como la de Roberto Hernández, siempre buscando las simetrías— puede resultar en un bello recordatorio de que en México, hasta las cosas más caóticas, encuentran siempre un lugar propio.

 

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Not UBER ??#aerial #view #cdmx #instapic #city #crowd #taxi #pink #car #travel #grid #hallazgosemanal #summer #instaphoto

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Don Goyo exhala. #hallazgosemanal #mexico #popocatepetl #goyo #volcan #visitmexico #??

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Hora pico en las trajinebrias de Cochimilco. #drone #crmx #mexico #xochimilco #embarcadero #color #hallazgosemanal #hallazgodelasemana #dji

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Tepito from the Air #drone #mexico #cdmx

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Hipnóticas abstracciones del territorio mexicano vistas desde las alturas (FOTOS)

Estas fotografías nos recuerdan la inmensidad de un México inadvertido que solo ha podido captarse desde las alturas.

El territorio mexicano se erige entre un montón de gigantes naturales que no vemos. Es decir, millas de caminos caprichosos construidos por la tierra o el hombre mismo, que demarcan los espacios, a veces de manera invisible. 

Es curioso que, justamente lo que se construye a gran escala parece ocultar su inmensidad frente a los sentidos de una mirada bidimensional como la nuestra. Pero, si fuese posible no pasar inadvertidos tantos grandes detalles, sin duda nuestra persespectiva del mundo sería otra. Básicamente es lo que ha venido logrando tecnologías como el drone, o las herramientas de Google Earth y Google Street View, que hoy en día ponen al alcance de la red digital vistas masivas o de gran alcance en tan solo una fotografía. Nos muestran, por así decirlo, el universo complejo que enuncian planeta sin salir de él.

Pero, si se quiere ver más allá, esta tecnología no solo está cambiando la manera “visual” de experimentar el mundo, sino que a la vez está cuestionando al hombre sobre las maneras que hemos tenido hasta ahora de cuantificar nuestro espacio-tiempo. Porque cuando pensamos en universo miramos el cielo, y pocas veces recordamos que el suelo donde estamos parados es uno.

En México, los escenarios abstractos y los paisajes geométricos son irrevocables. Si deambulas un poco por herramientas como Google Earth encontrarás incontables escenarios indefinidos, inciertos pero hermosos, que han figurado bajo nosotros y moldeado nuestras conductas y maneras de extendernos sobre el territorio. Otros paisajes aéreos evidencian la tradicional práctica humana de reproducir geometría por todas partes, y en México sencillamente se hace de una manera hermosa:

Chihuahua

Sierra Tarahumara, en Chihuahua
Oaxaca
Puerto Escondido, Oaxaca
Cañón del Sumidero, Chiapas

 

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Campos de agave, Amatitlán, Jalisco. 

 

Jardines del Pedregal, Ciudad de México
Espacio Escultórico, Ciudad de México

 

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Presa “Las Ánimas”, Xicoténcatl, Veracruz.