Preciosas imágenes que celebran, cuestionan y exploran nuestro mestizaje (GALERÍA)

Cortesía del brillante fotógrafo David Alan Harvey, experimenta el encantador misterio de esta tierra mestiza.

El mestizaje tal vez sea la más rica y misteriosa cualidad de la identidad mexicana. Al mismo tiempo, es el detalle más complejo, el que más complica nuestra existencia, pues transforma el entendernos y definirnos en un trabajo constante, que posiblemente, no se termina nunca.

Tristemente, también nos da motivos para distanciarnos entre nosotros, pues, en un afán de consolidar la identidad subjetiva, nos lleva a concentrarnos en una sola forma de ser y olvidar que somos una mina infinita de significado, que no se agota.

¿Qué tenemos en común todos los que nos llamamos mexicanos y de qué manera reaccionamos a lo que nos hace distintos? La exploración se vuelve eterna. Al fotógrafo estadounidense David Alan Harvey le intrigaba mucho nuestro origen y el de otras culturas “latinoamericanas”, especialmente por ser “diásporas” como él las llamó, de otras culturas (como la española y la portuguesa), pero adaptadas a un mundo completamente distinto.

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En sus fotos se vuelve evidente que esa distinción, que parece mínima, se vuelve rápidamente otra cosa, cuando las culturas que nos intentaron colonizar antaño se mezclan con cientos de culturas nativas y otro bonche de culturas migrantes.

Para celebrar esta diversidad, en 2003 David Alan publicó un libro con más de 100 fotografías tomadas en las décadas de los 80 y 90 distintos países latinos, mostrando sus vibrantes, contradictorios y provocativos rituales, creencias espirituales, fiestas y vivencias cotidianas.

Lo llamó “Alma dividida”, que evoca una melancolía deliciosa, reconocible en nuestras identidades fragmentarias, pero que si lo pensamos con cuidado es también nuestro más precioso legado.

Cortesía del brillante fotógrafo David Alan Harvey, experimenta el encantador misterio de esta tierra mestiza en esta galería.

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La piel de la nación: retratos limítrofes (y costeños) de México

En tiempos polarizados, no nos queda más que abrir umbrales entre límite y límite. Eso logran estas exquisitas fotografías.

Una fotografía conjuga una suma de decisiones. Frente a un evento, quien captura la imagen se hace responsable de contar una historia particular sobre el objeto enfocado. Por otro lado, la visualidad en nuestro tiempo es un asunto fortuito: dejamos pasar imágenes constantemente, sin dedicarles suficiente; y, de la misma manera, capturamos a otros sin hacernos responsables sobre la historia que en este acto relatamos.

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Los formatos contemporáneos son en ese sentido ultra sencillos: cuadrados, donde la composición es evidente; sugiriendo al observador la posibilidad de consumir vorazmente imágenes, cuando le sea necesario.

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Por otro lado, aún podemos valernos de propuestas vigentes y hermosas como “Litorales”, un proyecto de Francisco Mata Rosas y Eniac Martínez. El proceso consistió en que los amigos, ambos fotógrafos mexicanos, emprendieran un viaje para recorrer las riberas, costas y otros márgenes de la república: los litorales. Su idea era “dibujar el perfil del país”.

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Estos encantadores retratos limítrofes (y costeños) de México cumplen múltiples funciones. Por un lado, las fotografías de “Litorales”, están tomadas en el formato 6×16, lo que les imprime una visión panorámica que exige ser recorrida por el espectador y que al fotógrafo obliga a tomar en serio cada detalle de la composición; sobre todo porque estas panorámicas no son de paisajes —que se pintan solos— sino de delicadas escenas que narran lo social y cultural.

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Pero este es el trabajo del fotógrafo: elegir las herramientas adecuadas para transmitir una idea que, si se supone compleja, necesita construir una relación entre uno o más objetos y el territorio que los contiene. Los elementos de un extremo están conectados con el otro, en un equilibrio muy particular que nos sugiere relacionar cosas distantes —como un mar con otro— y pensar qué tienen en común.

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Para un país aparentemente dividido y con las fronteras muy marcadas, encontrar estos puntos de encuentro, estos puentes, es fundamental. Las imágenes de “Litorales” nos regalan esta premisa, pues quizás estén tratando de llegar a las partes más distantes del país, a sus límites territoriales y transmitir una sensación de unidad. Como si en lugar de “fronteras” retrataran la piel que nos recubre, evidenciando también sensuales pliegues: umbrales donde los litorales se funden con el horizonte.

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Retratos sutiles del extraño y fantástico México

Con la mirada fresca, este fotógrafo argentino capturó la sutil esencia de nuestra extraña y fantástica tierra.

Es fácil enamorarse del extraño y fantástico México. A pesar de que su belleza no es siempre evidente, como un deslumbrante paisaje, una imponente catedral, una elegante pirámide o un colorido plato de deliciosa comida humeante.

Pero hay algo increíble en todas esas cosas que no son superficialmente atractivas, algo que sugiere un profundo misterio, una entrada, tal vez, a una dimensión divina o mística. Son esos rincones los que ha capturado el ojo de Franco Fafasuli, un joven fotógrafo argentino que transformó su caótico romance con México en espectaculares retratos de su sutil esencia.

Decidimos entrevistarlo porque nos interesa entender, a través de su particular distancia, qué encuentra en México y qué significa esta tierra para él. Te presentamos fragmentos de lo que nos compartió.

+DMX: ¿Por qué decidiste explorar México?

FF: Desde que tuve la oportunidad de vivir en México por 4 años, quedé fascinado, por su gente, su cultura y sus paisajes […].

+DMX: ¿Qué fue lo que más te llamó la atención?

FF: Lo que más me llamó la atención es la necesidad que hay en las calles, es algo que veía frecuentemente cuando vivía en la Ciudad de México, pero nunca fue algo que tenía tan presente. Creo que el hecho de empezar a sacar fotos me sirvió para mostrarme otro tipo de realidades sin importar dónde me encuentre.

Por otro lado, me llamó la atención fue el cariño que recibí por parte de la gente, por lo general siempre me he sentido muy querido en México […]. También la cantidad de esculturas o símbolos religiosos que hay en prácticamente todas y cada una de las esquinas de la ciudad.

+DMX: ¿Qué es lo que tratas de narrar con tu obra visual?

FF: Mi intención con estas fotografías es mostrar situaciones que vemos en nuestro día a día y que a lo mejor pasamos por alto; como decía anteriormente, la necesidad de la gente en situación de calle, o escenas algo “bizarras” a las cuales no estoy acostumbrado en mi cotidianidad, o simplemente detalles que me parecen interesantes plasmar.

+DMX: ¿Dirías que “lo mexicano” se puede definir?

FF: No sé si podría dar una definición de diccionario en relación a “lo mexicano”, porque de cierta forma es algo que no termino de entender, pero me encanta y me atrapa.

+DMX: ¿Cómo lo definirías?

FF: Lo definirá con el dicho “tu casa es mi casa”; para mí es así, tal cual; siempre que estoy en México me siento como en casa, todos son muy abiertos y siempre están dispuestos a conocer gente sin importar dónde sea que estés, y eso es algo que no he experimentado en ninguna otra parte del mundo.

Por otro lado, es tal el cariño que los mexicanos tienen por su país y su cultura, que de cierta forma se contagia.

+DMX: ¿Qué te enseñaron los personajes y paisajes que encontraste en México?

FF: Me enseñaron a mantener una actitud humilde y a ser optimista ante cualquier situación y a intentar ser feliz pase lo que pase.

Neomuralismo para combatir la delincuencia y reconectar la ciudad con sus raíces indígenas

Este nuevo movimiento pictórico llamado neomuralismo, o arte callejero, ha invadido zonas de la Ciudad de México... Y tiene mucho que decir.

Los jóvenes que han llevado adelante el proyecto de Liberalia Colectivo Itinerante, y al que llaman neomuralismo o arte urbano, tiene un objetivo muy concreto: la recuperación. 

Estos jóvenes plantean la necesidad de recuperar los espacios que la violencia citadina les ha arrebatado y, también, de recuperar el muralismo partiendo de la criminalizada técnica del graffiti. Pero sobre todo abogan por recuperar las raíces indígenas en la metrópoli.

Unas latas de aerosol, un mural y toda su creatividad son las únicas herramientas que estos jóvenes ocuparon cuando comenzaron el proyecto de Liberalia Colectivo. Así es como han podido retrotraer a nuestros días la vieja práctica del muralismo mexicano, una tradición asociada a la revolución y, por ende, al cambio social.

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El muralismo mexicano plasmó indeleblemente los sueños, las pesadillas, el hambre, la dignidad y, en general, la historia de nuestra sociedad; pero sobre todo plasmó la parte indígena de ésta. Retomando esto, una de las principales batallas de Liberalia Colectivo ha sido contra la discriminación y por el rescate de las raíces indígenas.

Una indígena nahua en la colonia Guerrero

Cuando Liberalia Colectivo empezó a desparramar colores en la colonia Guerrero, incentivó las juntas vecinales para que, “entre toda la banda”, propusieran temas para los murales y se decidiera qué paredes podían ocupar. Una de las asistentes fue Doña Esther, una indígena de origen nahua cuya familia llegó de Puebla y que pidió un mural en homenaje a su madre, donde se pintara su retrato. “Yo les di una foto porque la gente se olvida de que existimos y no quiero que se pierdan las culturas indígenas”, expresó.

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Pero no obstante que este proyecto ha promovido la mejor convivencia en el barrio, aún hay quienes no entienden el mensaje, o simplemente no les importa.  Doña Esther sigue viviendo la discriminación que por años la ha acompañado cotidianamente, y ha enfrentado amenazas para que se retire el mural de su madre. Pero eso no puede contra ella ni contra los jóvenes detrás de Liberalia Colectivo, pues son la mayoría de los vecinos quienes sí suscriben esta iniciativa, ya que incentiva el cuidado y el amor por el barrio y ha ayudado a que éste “se vea más bonito”, como expresan las vecinas.

Iniciativas por el rescate de los pueblos indígenas

Muchos otros de los neomurales que adornan el llamado Corredor de Arte Urbano Buenavista-Guerrero, en Eje 1, muestran las pieles morenas y las miradas intensas de los indígenas, a quienes rodean distintos motivos y símbolos que tienen que ver con sus raíces. Así, Liberalia Colectivo se aferra a defender esta milenaria cultura, a irradiar toda la sabiduría que ésta conlleva y a visibilizar a los indígenas que hoy pueblan la Ciudad de México, que tan sólo en 1999 eran más de 500 mil, de los cuales 15 mil residían en la delegación Cuauhtémoc.

Esto hace a la Ciudad de México una de las principales metrópolis indígenas del continente, población compuesta por migrantes, en su mayoría mujeres, que cambiaron el campo por el concreto para huir del rezago, pero a su llega debieron enfrentar condiciones muy duras.

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Por eso es que Liberalia Colectivo también llevó adelante un taller de cine documental para jóvenes y niños de origen indígena, algunos de la Ciudad de México y otros de distintas regiones como Chiapas. Del taller surgieron 12 cortometrajes que fueron presentados en septiembre pasado en lucgares como el centro cultural 77, La Casa del Cine y el Museo de Arte Popular.

Esto demuestra que son múltiples las esferas del arte que pueden ayudar al objetivo de visibilizar a los indígenas y a rescatar sus raíces y que, también, ellos mismos pueden ser sujetos activos de este proceso de rescate y transformación de sus condiciones de vida.

Fuentes:
Periódico La Jornada, Periódico El Universal
Los pueblos indígenas y la ciudad de México

Imágenes:
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