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11 indelebles lecciones del brujo Don Juan Matus

Compartimos once enseñanzas del brujo Don Juan Matus, que condensan su perspectiva de la vida y de su cuerpo de conocimiento.

Sería casi imposible tratar de entender México sin considerar un aspecto crucial de su cultura, el misticismo. Ya sea que éste se manifieste en una radiante devoción, en rituales insólitos o en exuberante sincretismo, lo místico y lo religioso están impresos en la genética cultural del mexicano. Y precisamente este rasgo es uno que ha cautivado a miles de personas alrededor del mundo que atraídos por esta faceta se han sumergido en la cultura del país. En este sentido podríamos afirmar que el misticismo ha actuado, con frecuencia, como embajador mexicano ante el mundo. 

A propósito de lo anterior no podríamos dejar de mencionar a la chamana mazateca Maria Sabina, quien en las décadas de los 60’s y 70’s atrajo hasta Huautla de Jiménez, su pequeño pueblo en la sierra de Oaxaca, a incontables personalidades (aquí una lista). Otro personaje que indudablemente llevó el misticismo mexicano a múltiples rincones del mundo fue Don Juan Matus, “el nahual“, enigmático chamán que protagoniza buena parte de la saga escrita por el antropólogo sudamericano de la Universidad de California en Los Ángeles, Carlos Castaneda.

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Si bien no sabemos si ese fue su verdadero nombre, y muchos cuestionan incluso que haya en realidad existido, lo que parece incuestionable es que la elusiva figura del indio yaqui Don Juan Matus se consagró como un referente transgeneracional sobre la tradición chamánica de México, misma que dio a conocer entre millones de personas alrededor del mundo. 

Y para conmemorar la existencia de este personaje, ya sea en la realidad histórica o por lo menos en el imaginario colectivo, a continuación te compartimos once enseñanzas del brujo Don Juan Matus, que condensan su perspectiva de la vida y de su cuerpo de conocimiento. Aclaramos que no estamos acompañando las lecciones con una explicación o interpretación, por que muchas son bastante explícitas y, en todo caso, consideramos que cada quien habrá de interpretarlas de acuerdo a su respectiva realidad. De cualquier forma son, muchas de ellas, palabras que llegan…

1.

La impecabilidad comienza con un acto único que tiene que ser deliberado, preciso y sostenido. Si ese acto se repite por un tiempo lo suficientemente largo, uno empieza a sentir un intento inquebrantable que puede ser aplicado a cualquier otra cosa.

2. 

 El inconveniente de las palabras es que siempre nos hacen sentir iluminados, pero cuando nos damos la vuelta para enfrentarnos al mundo,  siempre nos fallan y acabamos  mirando el mundo como siempre , sin iluminación. Por esta razón, un guerrero procura actuar en lugar de hablar…

3. 

La importancia personal es el peor enemigo del hombre.  Lo que  le debilita es sentirse ofendido por los hechos y las fechorías de sus semejantes. La importancia personal obliga que uno pase la mayor parte de su vida ofendido por algo o alguien.

4. 

Un hombre va hacia el conocimiento como va a la guerra: bien despierto, con respeto, con miedo y con una seguridad absoluta. Ir para el conocimiento o para la guerra de cualquier otra manera es un error, y quien lo cometa se arrepentirá.

5. 

Sentirse importante le hace a uno pesado, torpe y vanidoso. Para ser un guerrero uno necesita ser ligero y fluido. 

6. 

No hay integridad sin tristeza y añoranza, porque sin ellas no hay sobriedad, ni amabilidad. La sabiduría sin amabilidad y el conocimiento sin sobriedad son inútiles.

7. 

El miedo es el primer enemigo que el hombre tiene que vencer en su camino al conocimiento. Es un enemigo terrible, traicionero y difícil de vencer. Permanece oculto en todas las curvas del camino, rondando… al acecho. Y si un hombre huye aterrorizado con su presencia, su enemigo le habrá puesto fin a su búsqueda.

8.

Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir la vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita.

9. 

Un guerrero asume la responsabilidad de sus actos, hasta de los actos más triviales. Un hombre promedio nunca asume la responsabilidad de lo que hace.

10. 

El mundo es incomprensible. No vamos a entenderlo nunca, no vamos a desentrañar sus secretos nunca. Por lo tanto, debemos tratar al mundo tal como es: un gran misterio.

11. 

O nos hacemos miserables, o nos hacemos fuertes. La cantidad de esfuerzo es la misma.

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Seres de la frontera: 40 tipos de brujos o magos del México antiguo

La tradición bruja es tan exquisita como antigua; este catálogo es sólo una probada de ese orgiástico linaje de magia y metafísica mexicanas.

La magia es algo latente en la realidad humana. Esto pareciera acentuarse cuando hablamos de la realidad mexicana. ¿Por qué? Tal vez se deba a las coyunturas históricas, multiculturales, de ecos que siguen imprimiéndose en la vida cotidiana; algo tendrá que ver con las particularidades meteorológicas o geográficas, o probablemente sea, sencillamente, un aspecto esencial de nuestra genética cultural –algo ubicuo, algo que “no podría ser de otra manera”–.

La riqueza ritual y metafísica de los “antiguos mexicanos” es bien sabida. Su vigencia, o literal trascendencia, se prueba al inspirar múltiples manifestaciones neo-místicas pero, también, al mantenerse en sus formas originales ahí, en rincones improbables, la mayoría discretos, y que por fortuna no son necesariamente accesibles para el resto de nosotros.

Los magos, brujos, hechiceros y otros, son figuras que navegan las fronteras entre esta y otras realidades –seres que se autocultivan al filo–. Y esa arena fantástica, pero plausible y con injerencia en esta, ofrece numerosas herramientas que pueden llegar a dominarse. Al menos, entre los antiguos mexicanos existía una compleja diversidad de funciones o habilidades sobrenaturales, las cuales eran practicadas por sus respectivos “especialistas”. 

Quizá la magia no sea territorio estéril ni uniforme; ese plano, al igual que este y probablemente otros, también exhibe una topografía intrincada, con ríos ramificados y caos geológico, con metáforas, tribus y jerarquías.   

Un catálogo de brujos nahuas

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El historiador Alfredo López Austin inventarió una buena cantidad de magos y brujos prehispánicos, específicamente del mundo nahua. “Cuarenta clases de magos del mundo nahua” (1967) no enlista, como advierte su autor, la totalidad de los linajes, pero sí los tipos “más importantes” entre los que ejercían estas artes. 

La distinción primaria en el ejercicio de la magia reside, como es de popular dominio, en el propósito original de su práctica: blanca o negra, para beneficio o perjuicio. Pero tras este plano vienen facultades particulares y ramificaciones minuciosas; por ejemplo, están los que hacen perecer algo con solo mirarlo, o quienes, por el contrario, devuelven la fuerza vital a una persona por medio del aliento. 

Tlatlacatecolos

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Amplia variedad de brujos, los hombres-tecolote, que “practicaban la magia en perjuicio de los hombres”; López Austin incluye trece variaciones en este grupo.

1. Tepan mizani “El que se sangra sobre la gente”.

Causaba la muerte por medio de su sangre (de verterla sobre la víctima).

2. Tlatztini “El que ve fijamente las cosas”

Mataba, literalmente, con la mirada. 

3. Flamatocani “El que toca las cosas”

Colocaba su mano sobre un bien para extraviarlo. 

4. Caltechtlatlacuiloani “El que pinta las paredes de las casas”

Por esta vía provocaba la muerte del dueño de la casa. 

5. Tetlepanqltetzqui “El que prepara el fuego para la gente”

Eliminaba a sus víctimas ya fuese codificando mediante un ritual alimento que posteriormente les convidaba, y morían; o recolectando su cabello y luego administrándoles, mediante este objeto, un hechizo de muerte.

6. Teyollocuani, tecotzcuani “El que come los corazones de la gente” o “el que come las pantorrillas de la gente”.

Inducía una perturbación de las facultades mentales de la víctima o un mal posiblemente muscular.

7. Momelzcopinqui “A la que se arrancaron las piernas” o “que se da golpes en las piernas”

Al parecer los practicantes eran mujeres “perjudiciales”; no se sabe más. 

8. Tlahuifruchtli  “El sahumador luminoso”

“Brujo que andaba de noche por las montañas echando fuego por la boca, o convertidos en fuego mismo, para asustar a sus enemigos y así infundirles locura o muerte.  

9. Nonotzale, pixe, teyolpachoani “El poseedor de conjuros”, “el dueño del depósito” o “el opresor del corazón de la gente”,

Según Sahagún, se trataba de asesinos a sueldo, que se ataviaban con la piel del ocelote.

10. Temacpalitotí, momacpalitoti, tcpopotza cuahuiquc “el que hace danzar a la gente en la palma de la mano”

Empleaban como instrumento una imagen de quetzalcóatl y el brazo de una mujer muerta de parto; iban a casa de sus víctimas, las dormían, robaban, violaban a las mujeres y luego cenaban tranquilamente.

11. Moyohualitoani “El que se acomide en la noche”

Atacaban sexualmente a sus víctimas, tanto mujeres como hombres.

12. Cihuanotzqui, xochihua, cihuatlatole “el que llama a la mujer”, “el que posee embrujos para seducir” o “el dueño de palabras para la mujer”.

Es, posiblemente, una variedad del moyohualitoani.

13. “El que trueca sentimientos” (No se encuentra su nombre en náhuatl)

Preparaban una bebida de maíz que, unida a los conjuros, cambiaba los sentimientos en una persona, de odio a amor y de amor a odio.

Los hombres con poder sobrenatural

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Aquí se incluye a los nahualli, que tiene el poder para transformarse en otro ser, y otra especie de magos que tienen la habilidad de hacerse de los poderes de alguna divinidad.

14. Nahualli (su significado es ampliamente debatido, elusivo en esencia)

Los nahuales, seres esencialmente misteriosos y elusivos, tienen el poder para transformarse en otros seres, comúnmente animales; su papel en la comunidad puede ser tanto benéfica como maléfica.

15. Teutlipan moquetzani “El que re­presenta a un dios”

Ataviado con las ropas del dios que representaba, se trataba de una figura particularmente querida y respetada. Infundía salud y confianza en sus seguidores a cambio de alimentos y vestido.

Los dominadores de los meteoros

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Su misión era dialogar con o encausar favorablemente las fuerzas meteorológicas, papel fundamental en una cultura francamente agrícola y cuya vida cotidiana resonaba plenamente con la naturaleza.  

16. Teciuhtlazqui o teciuhpetthqui “El que arroja el granizo o el que vence al granizo”

Fuertes soplos y violentos movimientos de cabeza formaban parte de los conjuros habituales de este linaje de magos del clima, cuya función era ahuyentar el granizo para proteger la siembra.  

17. Ocolizehecatlazqui y cocolizmixtlazqui “El que arroja los vientos y las nubes”

Se dedicaban a espantar los vientos y las nubes que se impregnaban negativamente en el cuerpo de los niños.

Los tlaciuhque

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 Se trata de “estrelleros” o “los que miran las cosas”, una suerte de adivinos que ven lo distante y lo oculto; sortilegios, dotes intuitivos, lecturas sagradas y trances visionarios eran algunas de sus herramientas. 

18. Tlachixqui y tlaciuhqui “El que busca o mira las cosas”

Su labor era prever la llegada de fuerzas contrarias y sus manifestaciones (enfermedades, sequías, tormentas o escasez), para alertar a la comunidad y determinar “qué potencias divinas estaban disgustadas y era necesario propiciar.”

19. Paini “El mensajero”

A través de la ingesta de plantas de poder emprendían aventuras visionarias en busca de respuestas que yacían en otros mundos. 

20. Matlaptnlhqui “El que cuenta (a través de] los ante­ brazos”

Invocando fuerzas celestes y mundanas, además de frotar alguna planta sagrada entre sus manos, se preparaba para examinar a un paciente su cuerpo utilizando para medirlo el antebrazo y analizando la correspondencia de medidas entre este y el cuerpo del paciente.

21. Tlaolxiniani “El que desbarata los granos de maíz”

“Huitzilopochtli y Quetzalcóatl dieron a la primera mujer, Cipactónal, los granos que debía arrojar para conocer la suerte de las personas.” A raíz de eso surge este linaje de magos que veían el futuro o la suerte en la disposición de los granos previamente arrojados. 

22. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que usa granos de maíz) “El que ve en el agua a la gente”

Según el comportamiento de los granos de maíz en un recipiente de agua podía diagnosticar al paciente. 

23. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que no usa granos de maíz) 

Utilizaban el agua como medio para determinar si un niño había perdido su tonalli o la gravedad y procedencia de una enfermedad en el paciente. 

24. Tlapachtlapouhqui “La que adivina con conchas”

Empleaba conchas para leer los designios y futuros. 

25. Mecatla ponhqui “El que cuenta [el significado de] los corde­les”

“Ataba sus cuerdas en presencia del enfermo y luego tiraba fuertemente de ellas”; si estas se desataban, sanaría, si en cambio se hacían nudos, quizá moriría.

26. Polocatlapouhqtti o zacatlaponhqui “El que mide con pajas”

El adivino me­día con una paja al enfermo y así descifraba su verdadero estado.

27. Cóatlquiyolítiani  “El que hace vivir a la serpiente”

Se encargaba de, por medio de su serpiente, descubrir a aquel que hubiese cometido un delito, por ejemplo el rapto de una persona. 

28. Tlaponhqui, tonalpouhqui “El que cuenta las co­sas o el que cuenta el destino”.

Una figura compleja y muy rica, “sin duda alguna, el adivino de mayor importancia, puesto que su labor está relacionada con todos los actos im­ portantes de la vida del hombre”. Este linaje de sacerdotes poseían e interpretaban los libros sagrados del destino, los tonalámatl.

29. Temiquiximati, temicmzmictiani “El cono­ cedor de los sueños o el intérprete de los sueños”

Con frecuencia se les cita interpretando los sueños de los señores y, a diferencia de los anteriores, ellos se basaban no en los tonalámatl, sino en los libros de los sueños, los temicámatl.

Los titici

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Una suerte de médicos que combatían las enfermedades vía recursos mágicos, sin que las enfermedades enfermedades apelaran necesariamente a un carácter sobrenatural. 

30. Tetonalmacani, tetonaltiqui, tetonallaiqui “El que da el tonalli a la gente o el que asienta el tonalli en la gente”

Regresaban el tonalli (algo así como el aliento vital) al cuerpo del enfermo, por medio de conjuros y, en ocasiones, luego de atraerlo a un recipiente con agua, lo esparcía sobre el paciente con la boca. 

31. Tcapahtiani “El que anula la curación a la gente o el que contrarresta a la gente un veneno que se le ha dado”.

Extraía el tonalli nocivo inducido por error en un niño y, tal vez, también se encargaba de ahuyentar algún hechizo perjudicial. 

32. Desconocido “El que pinta figuras en el cuerpo”

Producía sangrías en el cuerpo del paciente o, en otros casos, simplemente hacía trazos sobre su cuerpo o su cabeza (a veces en forma de serpiente enroscada).

33. Tetlacuicuiliqui “El que saca algo a la gente”

Rociaba y frotaba al enfermo con estafiate y luego “extraía” objetos del cuerpo del enfermo, que presuntamente eran la materialización de sus enfermedades.  

34. Techichinani “El que chupa a la gente”

También empleando el estafiate o iztáuhyatl, succionaba la parte adolorida y extraía los males materializados en objetos. 

35. Tepoztecpahtiani “El que reduce fracturas de huesos”

Usaban simultáneamente procedimientos médicos y mági­co. Entablillaban el miembro fracturado y luego complementaban esto con el pronunciamiento de fórmulas mágicas 

36. Desconocido “El que cura piquetes de alacrán”

Con un torniquete o liga frenaban la propagación del veneno, aplicaban tabaco sobre el piquete, y luego hacían representaciones actuadas de la diosa Xochiquétzal (aludiendo a un mito pertinente). 

37. Teiczaliztli “El que cura por teiczaliztli (acción de pisar a la gente)”

Calentaba las plantas de sus pies hasta experimentar dolor y luego caminaba sobre la espalda del enfermo, mientras pronunciaba las fórmulas mágicas.

38. Pacholiztli “El que cura por pllcholiztli (acción de presio­nar)”

Apretaba con sus manos el pecho del enfermo, generalmente niños. 

39. Desconocido “El que cura con su aliento”

Transmitía, mediante su aliento, energía vital al paciente; para lograrlo invocaba al señor del viento, Ehecatéotl.   

Los magos no profesionales

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40. Desconocido “El que usa ocasionalmente de la magia”

Personajes que no realizan actos mágicos como oficio, pero que usan su conocimiento de fórmulas y procedimientos para su propio beneficio. “Como ejemplos pueden citarse el de los caminantes, que invocan a las fuerzas sobrenaturales propicias y deprecan a las nocivas antes de iniciar el viaje; el de los cazadores, el de los recolectores de miel, el de los leñadores, el de los pescadores, que usan fórmulas mágicas para realizar en forma más productiva sus labores coti­dianas”

 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.
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El niño Fidencio: una figura de magia y misterio

Se asegura que el Niño Fidencio curó a miles de personas. Practicó cirugía con pedazos de vidrio como bisturíes y sus seguidores afirman que poseía el don de la clarividencia.

México es un país donde la magia y el misterio se cultivan a flor de piel. Durante la historia de este país han existido incontables chamanes o brujos, aunque el caso del Niño Fidencio pareciera ser excepcional. En palabras de sus creyentes, este hombre tenía la capacidad de curar a miles. 

Desde el uso de vidrios como bisturíes, hasta la clarividencia, se dice que el Niño Fidencio tenía poderes paranormales y no dudaba en usarlos para el bien común. Ya fuera para gente pobre o rica, el curandero socorría a todos con sus misteriosos dones.

Historia

Fidencio nació en Irámuco, Guanajuato, en 1898. Rodeado de carencias, tanto familiares como económicas, trabajó en Yucatán como cocinero en diferentes barcos. Pero el nivel de pobreza de Fidencio eran una constancia en su día a día, por lo que el joven decidió cambiar su vida

En 1921 llegó a Espinazo, Nuevo León, en busca de su padre adoptivo Enrique López de la Fuente. Fue en este momento cuando empezó a escuchar voces, sonidos sin rostros que le decían que él tenía la magia de curar a otros y debía usarla. Fidencio no lo pensó mucho y acató el mandato.

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La fama y el mito

Pronto, los métodos de Fidencio se volvieron una noticia gracias a Teodoro Von Wernich, dueño de la hacienda donde era administrador su padre adoptivo. El hacendado había puesto un anuncio en un periódico regiomontano donde hablaba de las curaciones milagrosas que había recibido de Fidencio. Lo que pasó después de esto, fue historia.

El Niño Fidencio se volvió inmensamente famoso al igual que sus métodos de curación. Entre sus procedimientos estaba el uso de herbolaria, extraer muelas con pinzas de mecánico y una curación que consistía en aventar frutas y verduras a los enfermos para que se curaran.

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Al parecer, estos métodos daban resultado, porque mucha gente iba a buscarlo. La cantidad de sus pacientes era tan grande que, si había alguien que quería ser atendido por el curandero, debía esperar semanas o meses.  Incluso el propio Plutarco Elias Calles buscó su ayuda por un supuesto caso de lepra. Los rumores dicen que el presidente estuvo con Fidencio varias horas y, que fue en esos momentos de confidencia y misterio, que el brujo le aconsejó formar el Partido de la Revolución Mexicana.

En fin, más allá de cuánto mito y cuánta realidad se hayan cultivado alrededor de la figura del Niño Fidencio, no es casualidad que haya nacido en México. Tal vez este país emana una atmósfera en la que las personas como Fidencio perciben una realidad más sensible, o al menos, llena de misterio.

Imagen principal: Esténcil del artista callejero “Niño Fidencio”

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Limpias y rituales de sanación mexicanos (curaciones a través de espíritus)

El hecho de que el mexicano tenga la facultad de acudir con espíritus para sanarse, protegerse y recordar su origen para entablar su destino, es una de las pocas cualidades prehispánicas importantísimas que ha sobrevivido a la temporalidad.

Se asoma la nostalgia en nuestro sentir, cada vez que recordamos cuántas tradiciones del México eterno hemos sepultado bajo la duda y el olvido. Las más prístinas recogen una sabiduría exquisita, que solo ha podido compartirse adecuadamente tras el conocimiento oral y la práctica; el ritual. Por que el que es mexicano sabe y siente la necesidad de crear de su vida un ritual.

En este sentido, resulta conveniente recordar que los cultos prehispánicos no se limitaban a una ceremonia especial. Se realizaban todos los días –cada alba era efecto de sacralidad– se encontraba delirante y objeto de filosofías los detalles, las señales y los instantes, y se era agradecido por contemplarles. El paso de la vida, tan sagrado como el salto a la muerte; la infinidad de los destinos superpuestos en la ruleta de lo eterno que es Nahui-Ollin y los dones humanos –perdidos en este mundo y, esperando a ser encontrados– solo una extensión de la voluntad del espíritu. Estos dones, en particular, han tenido gran relevancia a nivel cultural por que fueron capaces de conquistar el tiempo para llegar hasta nuestros días.

Dones y habilidades portentosas del brujo curandero

Hoy en día se oyen resonar desde una montaña, un cerro, un pueblo o un rincón de México, algunas de las habilidades más increíbles heredadas de la tradición ritualista prehispánica. Llámense chamanes, sacerdotes, curanderos, brujos, hierberos o hermanos, aquellos que son capaces de manejarlas con sensibilidad portentosa logran lo que un hombre del siglo XXI no se espera.

Precisamente estos hombres y mujeres de conocimiento, mismos que el Dr. Jacobo Grinberg Zylberbaum llamaba “psicólogos autóctonos”, han demostrado poseer el control total de una serie de dones derivados del dominio, también, de otro plano de conciencia. Diría Grinberg una “conciencia de unidad”, donde todos los seres vivos estamos conectados bajo el mismo entendimiento. Algunos de esos dones que operan estos grandes sabios implican la clarividencia, el control del clima y otros elementos naturales, la capacidad de canalizar energías en dirección adecuada y derivado de esto, la curación física, mental y espiritual, que para este texto interesa.

Como es bien sabido por todos los avezados en materias del espíritu, en México existe una práctica altamente eficiente para reconfigurar mentes y destinos, armonizar energías y más extraordinario aún, reconstruir partes de nuestro cuerpo que fueron gastadas o no encuentran armonía con sus otros elementos. Derivado de una serie de recetas médicas prehispánicas, las limpias mexicanas han probado ser esa práctica eficiente para reconstruirnos.

 

Limpias y procesos rituales para sanarnos

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Una limpia o “barrida” se presenta como un proceso ritual en el que un curandero se ayuda de diversos instrumentos para alcanzar la purificación, protección y sanación de un paciente que así lo requiere. Estas herramientas pueden ser flores, hierbas y otras plantas (algunas de ellas enteógenos); aceites y aguas florales (o simplemente agua virgen), aire, piedras, huevos, vasos de cristal, incienso, trapos, velas, cantos y letanías para armonizar y conjurar, música y muchos otros más. 

Las limpias son solicitadas, también, para diagnosticar. El curandero puede hacerlo de distintas formas: se ayuda de métodos de adivinación como la clarividencia, la lectura del cuerpo y el espíritu o el milenario arte de leer el maíz. Otra particularidad de esta práctica es su facultad de protección. En algunos casos, las limpias pueden llegar a fungir como sesiones para elaborar escudos; defensas energéticas en contra de las malas intenciones, los malos espíritus, las malas decisiones. 

Finalmente encontramos una especie de limpia derivada de los llamados masajes fluídicos o masaje espiritual. Es una técnica que conecta el mundo fluídico –el espiritual e imperceptible para el análisis humano– con el nuestro. Como bien se evidencia en la cotidianidad, los fluidos poseen la habilidad de tomar la forma de sus recipientes. En este contexto, un elemento fluídico se amolda a nuestro cuerpo, interactuando con nuestro pensamiento y carácter. De condición neutral, pura, dicho fluido puede llegar a empaparse de cualidades negativas o positivas en el mundo material. Para devolver su pureza a nuestros fluidos, es necesaria la intervención de otro elemento fluídico (un espíritu) que actúe en un debido proceso de sanación. Esta es una técnica tan ancestral como actual –aunque su nombre ha mutado en numerosas versiones, pero finalmente se trata de una limpia–. 

 

¿Qué provoca la enfermedad?

El ancestro del mexicano tenía la certeza de que todo en el mundo poseía un espíritu. De manera que se le pedía a cientos de ellos su intervención para generar buenas cosechas, hacer llover o resolver enfermedades y desgracias. En este caso, los espíritus del aire eran quienes concertaban las enfermedades. En la actualidad no se difiere mucho de este pensamiento: la enfermedad es el efecto de malas voluntades. Espíritus nocivos que en muchas ocasiones son enviados consciente o inconscientemente por otras personas. De ahí que las limpias sean fundamentales para curar insospechadas afecciones como el mal de ojo, el mal de aire o el susto (pérdida de la sombra). 

 

México y sus espíritus

El hecho de que el mexicano tenga la facultad de acudir con espíritus para sanarse, protegerse y recordar su origen para entablar su destino, es una de pocas cualidades prehispánicas e importantísimas que han permanecido íntegras hasta nuestros días. Un caso famoso es el de la curandera Pachita, en la Ciudad de México, una mujer médium que aproximadamente en los años 50 y 70 entraba en sueño profundo para permitir que los “hermanos” –seres espirituales del mundo prehispánico, elegidos para regresar al mundo a curarnos– entraran en su materia. 

Hoy en día innumerables casas de oración alrededor de la República Mexicana practican estas curaciones al igual que Pachita; como un especie de mediums, curanderos altamente preparados que pueden o no incurrir en una intervención quirúrgica de carácter invisible, descodificar y alinear las lagunas mentales y devolver el sosiego al espíritu. 

Limpias, rituales, ceremonias, curaciones de espíritu a espíritu. La palabra es distinta, las intenciones una sola. A raíz de una fascinación por estos ritos poco informada, aunada a un sincretismo de pensamiento moderno, muchas personas suponen la sacralidad de estos actos como falsa. Por ello es que la mayoría de estos grandes hombres y mujeres de conocimiento han decidido evitar las malas voluntades y permanecer en secreto con una humildad envidiable. Y así lo hacen, como todos los fascinantes secretos de cultura, inmersos en el silencio de una hermosa tradición. 

A pesar del impacto que ha tenido la transformación global en México en cuanto a costumbres refiere, la historia encuentra impresionante el hecho de que, aún en los tiempos modernos nuestro territorio no olvide sus raíces. Esa exquisita cosmogonía del día a día que no deja de hacer eco en nuestro pensamiento, sabiéndose oculta bajo dioses católicos, pero siempre muy presente desde los tiempos del hombre tolteca y quizá mucho más atrás. 

 

*Imágenes: 1) Archivo de John y Colette Lilly. Tomada de la exhibición “Niérika” 2) Raymonde Carasse; 3) Cauldron Craft Oddities; 5) Gloria Gallardo

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.