Códice prehispánico muestra a un astrónomo maya calculando el movimiento de Venus hace mil años

Los mayas eran grandes interesados en Venus, en este códice se plasmó el resultado de cientos de años de observación celeste.

Los Códices Prehispánicos son los libros antiguos de toda América. 17 códices son reconocidos como auténticamente prehispánicos, estos fueron la vía por la cual, a partir de figuras, las culturas más añejas pudieron transferir de manera más fiel el conocimiento.

El códice más antiguo conocido, el Códice Dresde, es el más viejo libro jamás descubierto en todo América. Es de origen maya y su creación se ubica entre los siglos XI y XII. En los últimos meses una investigación de la Universidad de California por parte del antropólogo Gerardo Aldana ha encontrado que en el códice existen registros de los patrones del movimiento de Venus, que fue muy importante en la cultura maya, así como la observación de los astros en general. Como ejemplo, el reciente descubrimiento de la alineación de un observatorio maya confirmó la comunión de esta cultura con este astro.

Además de que el Códice Dresde desvela la importancia vital de este planeta para los mayas, Aldana asegura que se trata de una de las documentaciones científicas más antiguas del movimiento de este astro.

Las ilustraciones del códice muestran un registro basado en numerología, pero también un desgloce de siglos de observación periódica. Es, presumiblemente, un cabal registro científico.

*Haz click en la imagen para hacerla mayor.

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Prefacio, primer panel y las 3 primeras páginas de la Tabla de Venus en el Código Dresde.

*Imágenes: Universidad de California.

 

El códice Quetzalecatzin, la prueba de la perduración en el tiempo

Los nahuas, y su primer contacto con Europa, está retratado en este bello códice, conocido por su atemporalidad.

Actualmente se vive en un mundo de instante. El perdurar de la imagen se vuelve un mito y, sin importar su contenido, el olvido es la única guía. No obstante, en esta era, aún existen las representaciones atemporales, aquellas cuya belleza e importancia perduran en el tiempo. El ejemplo más representativo de esta pictoralidad atemporal reside en los códices, cápsulas de tiempo, tanto de memoria y trazo. 

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El códice Quetzalecatzin (también conocido como Mapa de Ecatepec-Huitziltepec) es la prueba. La belleza y sinuosidad con que está trazado es única y la historia que encierra es igual o más de maravillosa. El códice muestra el paraje del sur de Puebla, desde la iglesia de Texcoco, sus inmediaciones, el lago de Texcoco, hasta la iglesia de Santa Cruz Huitziltepec. Otra de las características de este mapa es el retrato de la línea genealógica y propiedad de la tierra de la familia “León”, parentela que al ser inscrita en este códice, sin saberlo, se ha vuelto parte de la historia de estos antepasados. 

La inmortalización que ha hecho de este árbol genealógico no es única. La particularidad de este códice reside en ser parte de las primeras piezas durante la  época en la que los europeos y los nahuatls estuvieron en contacto. De esta manera, no sólo estos dibujos y figuras  cobran la relevancia de un testimonio de los ancestros de México, sino en observadores de lo que vendría a ser esa zona en un futuro, el México que hoy en día se conoce. La fauna y fotografía pintadas lo comprueban, México desde sus inicios siempre fue una tierra de montañas y plantas sinuosas. El relieve de su geografía y naturaleza de los códices remite a la importancia de volver muchas cosas de dicho país como un patrimonio de la cultura y, sobre todo, su gente. 

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Actualmente, el códice se encuentra en la colección de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Aunque la vivencia de su tiempo en el presente, así como la prueba de su perduración, puede verse ya en línea. Recientemente, el códex ha sido digitalizado y puede ser consultado por cualquier persona en internet. 

Durante mucho tiempo, el códice había pertenecido a colecciones privados, por lo que la oportunidad de verlo en línea significa una gran oportunidad para conocer la historia de México y la atemporalidad de sus ancestro, quienes, al fin y al cabo, también vivieron en su tierra. 

 

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Presentan la primera película animada para domo sobre la astronomía maya (VIDEO)

Arqueoastronomía Maya: Observadores del Universo, te lleva por las ciudades mayas alineadas con los astros y el desarrollo de este magnético fenómeno.

Hace 50 años se construyó el primer planetario en México, aunque esta vanguardia es mucho más antigua en estas tierras y fue consumada por los mayas cientos de años atrás. Como sabemos, este grupo fue un gran observador del cielo, muchos de sus santuarios y templos los construyeron en relación a ciertos astros, como con Venus, a cuya alineación se construyó, por ejemplo, el observatorio maya de Acanceh . También, el códice mesoamericano más antiguo que existe, el Dresde, contiene registros de patrones del movimiento de este astro por parte de un astrónomo maya.

De esta manera, los astros fueron fundamentales en la mitología, cosmogonía e identidad en este grupo, en gran parte por que sabían que por medio de ellos podían entender los ciclos a los que nuestra Tierra está supeditada, y de los cuales también forma parte.

Recientemente, para hacer honor a esta gran conocimiento milenario, y para dar a conocer las ciudades que construyeron bajo criterios de alineación con los astros, recientemente se proyectó la primera película mexicana de inmersión digital hecha para domo.

Su nombre es Arqueoastronomía Maya: Observadores del Universo y este 20 de marzo se presentó en el Planetario de Cozumel, Cha´an Ka´an. La película viajará gratuitamente por todos los planetarios de México, y algunos otros países, como Chile, en la ciudad de Santiago.

Con animación digital 2D y 3D, esta cinta de 20 minutos te llevará por las ciudades de Chichén Itzá, Uxmal, Yucatán, Edzná, Campeche, Palenque, Bonampak, etc.,

Si estás interesado en la proyección de esta cinta, sigue su programación aquí.

 

 

 

Wakah Chan, la Vía Láctea para los mayas

El avistamiento de la Vía Láctea, Wakah Chan, fue muy importante en la creación mitológica de los mayas sobre el origen del universo.

Entre el espectáculo que ofrece nuestra bóveda celeste, está el del avistamiento de la Vía Láctea, llamada por numerosas culturas de distinta manera.

Para los griegos se trataba de la leche derramada del pecho de la diosa Hera, la reina de los dioses (Juno para los romanos). Se trata de una galaxia espiral donde se encuentra nuestro sistema solar. Esta tenue banda de luz se ve así ya que está compuesta por entre 200 000 y 400 000 millones de estrellas; este precioso conglomerado es perceptible para nosotros apenas como esa franja blanca y brillosa, una banda de luz que sigue fascinando a los estudiosos.

Como sabemos, la maya fue una de las civilizaciones que más estudió el cielo, sobre todo porque advirtió que todo lo que ocurre en la Tierra son ciclos, influenciados enormemente por lo que ocurre allá arriba. Conocían, gracias a su observación, la periodicidad de los eclipses, y por ende podían predecirlos. También predecían la salida heliaca de Venus, y con gran exactitud conocían las revoluciones sinódicas de los planetas Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno; también entendieron los períodos de la luna, del sol y de estrellas como las Pléyades.

La Vía Láctea, cuando es visible, aparece como una borrosa banda de luz blanca alrededor de toda la esfera celeste. El fenómeno visual se debe a estrellas y otros materiales que se hallan sobre el plano de la galaxia, como el gas interestelar. Cuando aparece más brillante es en la dirección de la constelación de Sagitario, hacia el centro de la galaxia. 

En la cosmovisión de los mayas, influenciada enormemente por su medición del tiempo, y este último ligado estrechamente a los ciclos de los astros, la Vía Láctea fue muy importante: la nombraron Wakah Chan: Wak significa “erguido”, Chan o K’an “cuatro”, “serpiente” o “cielo”. Waka Chan fue también el nombre que asignaron al gran árbol cósmico, imprescindible en su mitología de la creación del universo; representado mediante un árbol en flor alto y majestuoso, el Ceiba.

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La gran ceiba cósmica, un símbolo maya del centro del mundo, y a sus lados está representada la gran pareja divina. Páginas 76-75 del Códice Madrid.

Hunal Yeh levantó al cielo y lo apoyó con un árbol Wakah Chan, en el centro del universo. (…) En un principio se elevó el cielo de las aguas de origen y posteriormente se erigió un árbol de apoyo como el eje central del universo. (…) En el centro se ecnontraba el Wakah Chan, el gran árbol cósmico, que había sido levantado a un año de la creación. (Eggebrecht,2001)

Los mayas observaron que en los meses de invierno la Vía Láctea se desplegaba como nunca en el resto del año en el cielo, y fue llamada “serpiente blanca deshuesada”. También encontraron que cuando Sagitario está por encima del horizonte, la Vía Láctea sale por encima del horizonte y cruza el meridiano; en ese momento es cuando El Árbol del Mundo se encuentra en su cenit.

Wakah Chan fue fundamental en su mitología de la creación, y también en su concepción sobre el origen del universo; los ciclos de la Vía Láctea fueron un eje, tanto para medir el tiempo, como para celebrar la preservación de la vida; de algún modo fue una brújula de su propia aparición y preservación en la Tierra.

 

*Imágenes: 

1)Devianart.com / JacquelineBarkla; 2)Páginas 76-75 del Códice Madrid.

 

*Fuente:

Eggebrecht Arne, E.(2001) Mundo Maya. Guatemala: Cholsamaj.