Hermosa poesía prehispánica para millennials sensibles

Si es auténtica poesía, no tiene fecha de caducidad. Cultiva tu sensibilidad contemporánea con estas joyas eternas.

A los millennials nos hace falta poesía. Entre tantos memes y contenido express, poco nos detenemos a poetizar el entorno: mirar más allá de sus posibilidades inmediatas y reconocer que la forma en que las cosas están ensambladas es arbitraria, relativa a nuestra cultura y, por eso mismo, susceptible de ser transformada.

Esta falta de poesía y exceso de contenidos virales —y por lo tanto, desechables— tal vez sea precisamente lo que nos vuelve a los millennials tan melancólicos. La falta de perdurabilidad y trascendencia de los productos culturales que consumimos nos deja con un extraño vacío que no podemos más que llenar con más contenido fácil.

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Un poco de poesía para reinventar y re valorar tu cotidianidad…

Así, si te sientes sensible y tienes este problema generacional, vale la pena explorar un poco de poesía antigua. Y nada como la poesía prehispánica, textos que encarnaban la auténtica riqueza de la vida cotidiana: desde la belleza explosiva de las joyas de oro y jade, el sabor espumoso y sedoso del cacao y el maíz, o la simple delicia de ser poeta y hacer de tus palabras, auténticas flores.   

Cuando estás melancólico, perdido en esta vida, estresado por el hecho ineludible de tu muerte, millennial deprimido, nada como leer a Nezahualcóyotl o a Cuacuahtzin, quienes, aunque no lo creas, sufrían de sensaciones similares, pero las sublimaban, soltando sus preguntas al aire de la forma más exquisita posible.

Así, te dejamos un poco de hermosa poesía prehispánica, para consolarte e inspirarte.

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Canto de huida de Nezahualcóyotl

Fragmento

En vano he nacido,
en vano he venido a salir
de la casa del dios a la tierra,
¡yo soy menesteroso!

Ojalá en verdad no hubiera salido,
que de verdad no hubiera venido a la tierra.
No lo digo, pero…
¿Qué es lo que haré?,

¡Oh, príncipes que aquí habéis venido!,
¿Vivo frente al rostro de la gente?,
¿Qué podrá ser?,
¡Reflexiona!

¿Habré de erguirme sobre la tierra?
¿Cuál es mi destino?,
yo soy menesteroso,
mi corazón padece,
tú eres apenas mi amigo
en la tierra, aquí.

¿Cómo hay que vivir al lado de la gente?
¿Obra desconsideradamente,
vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
¡Vive en paz,
pasa la vida en calma!

Canto triste de Cuacuahtzin

Fragmento

Flores con ansia mi corazón desea.
Que estén en mis manos.
Con cantos me aflijo,
sólo ensayo cantos en la tierra.

Yo, Cuacuauhtzin,
con ansia deseo las flores,
que estén en mis manos,
yo soy desdichado.

¿Adónde en verdad iremos
que nunca tengamos que morir?
Aunque fuera yo piedra preciosa,
aunque fuera oro,
seré yo fundido,
allá en el crisol seré perforado.

Sólo tengo mi vida,
yo, Cuacuauhtzin, soy desdichado.
Tu atabal de jades,
tu caracol rojo y azul así los haces ya resonar,
tú, Yoyontzin.

Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Por poco tiempo alegraos,
vengan a presentarse aquí
los que tienen triste el corazón.

Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Deja abrir la corola a tu corazón,
deja que ande por las alturas.

Tú me aborreces,
tú me destinas a la muerte.
Ya me voy a su casa,
pereceré.

Canto de Cuauhchinanco de Tlaltecatzin

Fragmento

En la soledad yo canto
a aquel que es mi Dios
En el lugar de la luz y el calor,
en el lugar del mando,
el florido cacao está espumoso,
la bebida que con flores embriaga.

Yo tengo anhelo,
lo saborea mi corazón,
se embriaga mi corazón,
en verdad mi corazón lo sabe:
¡Ave roja de cuello de hule!,
fresca y ardorosa,
luces tu guirnalda de flores.

¡Oh madre!
Dulce, sabrosa mujer,
preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

Aquí tú has venido,
frente a los príncipes,
tú, maravillosa criatura,
invitas al placer.

Sobre la estera de plumas amarillas y azules
aquí estás erguida.
Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

El floreciente cacao
ya tiene espuma,
se repartió la flor del tabaco.
Si mi corazón lo gustara,
mi vida se embriagaría.

El sueño de una palabra de Cuacuauhtzin de Tepechpan

Y ahora, oh amigos,
oíd el sueño de una palabra:
Cada primavera nos hace vivir,
la dorada mazorca nos refrigera,
la mazorca rojiza se nos torna un collar.
¡Sabemos que son verdaderos
los corazones de nuestros amigos!

Poema de Cuacuauhtzin

Ante ti, a tus pies,
te abrazo afectuosamente,
agradecido contigo,
gracias por rezumar perfume para mí.

Ya estás viejo,
yo más que tú,
ya lo sé,
pero vives y vivo.

Yo te veo vivir frondoso,
tú eres mucho más fuerte que yo,
y con tus lágrimas que yo pongo en el fuego,
el frescor de tu perfume como nube,
todas las noches sueño.