La leyenda de los chiles en nogada

El nacimiento de los chiles en nogada estuvo influido por el movimiento independentista; también existe otra leyenda menos conocida que apunta a una historia amorosa.

junio 26, 2016

Uno de los manjares que la gastronómica Puebla dio al mundo son los famosísimos chiles en nogada. Al rededor de este suculento platillo existe una historia sobre su origen que es la más conocida, sin embargo, también existe otra versión no tan conocida sobre esta receta.

Los chiles en nogada, que a grandes rasgos se trata de un chile poblano relleno de picadillo y frutas, cubierto con crema de nuez, perejil y granada, han encantado al mundo por su peculiaridad; una mezcla de sabores saldados, agridulces y amargos, combinación que a partir de ingredientes naturales emula a los colores de la bandera de México.

La historia sobre el surgimiento de este platillo más conocida apunta a que cuando el Obispo Antonio Joaquín Pérez Martínez se enteró que Agustín de Iturbide y el ejército insurgente se dirigían a la ciudad de Puebla, quiso sorprenderlos con el mejor trato. Entones encargó a las monjas agustinas recoletas del Convento de Santa Mónica (que fama tenían de excelentes cocineras) un platillo que fuera memorable.

 

leyenda de los chiles en nogada

 

Estas religiosas eran ya conocidas por su chile poblano en crema de nuez y para adornarlos con los colores de la bandera del ejército trigrante incorporaron la granada y el perejil. Sin embargo la otra versión tiene qué ver con una historia amorosa difundida principalmente por el cronista Artemio del Valle Arizpe. La historia cuenta que tres hermanas poblanas conocieron en la Ciudad de México a tres oficiales de los que quedaron profundamente enamoradas; las tres parejas quedaron de encontrarse nuevamente en Puebla.

Cuando las hermanas recibieron a los oficiales buscaron a las madres contemplativas agustinas del Convento de Santa Mónica para que preparan un novedoso platillo que resultó en los chiles en nogada que hoy conocemos, y que desde entonces exaltó aún más la fama culinaria de Puebla y esta traspasó fronteras. Otras versiones de esta misma leyenda dicen que ellas mismas prepararon el platillo que las volvió famosas más allá del evidente éxito que consiguieron con sus enamorados y cada una habría aportado las adecuaciones que le dieron los colores de la bandera a este platillo.

 

 

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